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No sé cómo llamarlo

El sol, que lo ve todo, me comprende. Luis García Montero


Yo no sé cómo llamarlo,
a pesar de lo sencillo que parece
asomando en otras bocas que lo usan
por costumbre, finta, escolta.
Las palabras que pronuncian
son el pomo de ese baño
donde puede entrar cualquiera.
El orgullo enarbolado
no sabrá contar las llagas
de los dedos que se incrustan
en el remo de mi barca
cada vez que vienen olas.
Y eso pasa a diario.

Yo no sé cómo llamarlo,
ni sentirlo como otros
ni tampoco tengo flores
ni jarrones para adorno
ni acierto con el lazo
—en las patas del novillo—,
ni me salen letras cursis
—de la idiota del pasado—,
ni me sabe a chocolate...
ni te ensucio con un cuento
hoy las manos.

Yo no sé cómo llamarlo, pero sé
que detrás de los versos, de los flecos
del poema
que se va escribiendo solo,
hay una vida que urge y no hay
empeño que lo frene
porque siempre, siempre
estará tu voz.

Nostalgia de papel

Podría llamar nostalgia
a la horma que se instala en mi pecho
y da forma a un treinta y seis
de firmeza en la pisada.
Sería, también, la humedad de unos ojos
en pretérito imperfecto,
que decían, cuando no supe entenderlo,
que no iban a mirar de otra manera.
Una pena simulada y, sobre todo,
sola habitante en mi cuerpo de teatro,
abierto siempre a la función que interpretaban
dos siluetas, una noche de verano.

Una verdad contada de mentira.
Eso era la tristeza de no verte.
Ocultar melancolía
o pedirte que no vuelvas
deseando, intensamente, que lo hicieras
como una mujer sedienta
que desprecia agua fresca en la fuente,
fuente única en la tierra.

Odiarte.
Un odio que, de puro liviano,
provoque risa en lugar de rabia.
Que todos pensaran que no deseo verte,
que arrinconé tu recuerdo en una esquina
del olvido
y parezca, realmente, que pasé
de una vez todas las páginas;
que echaba de menos… no a ti,
al vintage de añoranza que nos une,
todavía.

Podría llamar nostalgia
al papel que desempeñan mis versos,
recordando tu sonrisa despeinada,
el escudo de tu mano delatando timidez
a la hora de reírte,
o el brillo de esa mirada rijosa
en momentos que no volverán a mirarte.

Reconozco que es demasiado atrevido
afirmarlo, expresar que te sigo esperando
como agua de mayo
a la sombra de estas letras
mientras duerme el reloj sobre mi hombro.

Comentarios

  1. No sé, pero abril está terminando y mayo está a la vuelta de la esquina.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Aunque no lo parezca y los días se resistan a ponerse de primavera continua, lo cierto es que ya estamos inmersos en ella y abril termina, tienes razón, Rafael...
      Como agua de mayo esperamos a mayo y... que siga la vida.
      ¡Abrazos! Y gracias siempre por tu visita.

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