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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día? 

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.

Me viene a la memoria lo que no ocurrió



Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

María Calcaño




     No me pidas que imagine con ventisca una hoguera sin que arda en mis labios ni te queme a ti en los dedos. Ya no puedo, no me sale, no concibo otra forma de acercarme al recuerdo de un futuro que quiero que llegue a mi puerta, golpeando con un puño de desorden y naciéndole un puñado de amapolas en la palma de la mano.

No pretendas que desista de encontrarme donde se acaba el naufragio, es decir, a orillas de tu playa. No me llenes de celaje ese azul que veo tan claro desde que lo veo sin ojos, a través de mi ventana (al sur, siempre al sur). Ni siquiera el descontento me parece tan eterno a estas alturas, ni el odio que le debo a la musa se me hace tan pesado (porque claro... hasta lo fingido pesa, pero no). Tú lo sabes: al principio, era un juego, un vaivén, un cosquilleo y, después... 

La próxima vez que te vea, que no será en sueños, me vendrán al recuerdo todas las escenas que hemos diseñado y se derramarán sobre mis versos las palabras que les faltan (para el poema perfecto). Además, según dice mi memoria, las calles a nuestro paso van a ser escaparate de esos días escogidos a conciencia de entre todos los que forman el catálogo de ansia de vida. Mientras tanto y, hasta entonces, me conformo con todo (para qué variar la poesía...) y le pongo a los días un flequillo de vesania que me ayude a proseguir.

Comentarios

  1. Seguro que será un bonito encuentro.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. La próxima vez que nos veamos fuera del sueño...
      ¡Abrazos, Rafael!

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