Nuevos aires, querida Wendy


Decía Benedetti que el tiempo es como el viento, empuja y genera cambios. Qué te voy a decir a ti, querida Wendy, dríade abrazada a árboles de nieve, deslucida sombra en noches de insania y, de vez en cuando, marioneta subida a caballos de acero, desbocados. Qué te voy a decir a ti, depósito de miedos y albergue de almas opacas... Todo eso eras, hasta que dejaste de serlo. Porque siempre hay un comienzo, ¿verdad? Porque la espera irrita, indigna y desalienta; pero, también, es capaz de acaparar toda la energía que deberíamos invertir en VIVIR, antes de que la palabra «tarde» se pose sobre la lánguida boca de un cuerpo perecedero. 

Un día te sonó la alarma del aire nuevo. No me extraña en absoluto tu sorpresa, mirando a todas partes, buscando la cámara oculta e irónica de la realidad que te llovía en ese momento. Incrédula, como todo aquel que ha perdido demasiado tiempo lamiéndose las penas, en lugar de encaminar la barbilla y los ojos hacia lo cierto, que no es más que una simpleza: que todo avanza, todo llega —de algún modo—... si te atreves a buscarlo. No hace falta que me digas que lo hacías, que buscabas y buscabas y buscabas. Ya lo sé, como puedo yo, también, procurarle hermosura a esta prosa y fallar en el intento. Querer es poder, pero no de cualquier manera.

Te costó, Wendy, te costó. Una lucha de gigantes donde eras tu oponente. No vayamos a culpar a quien llamaba a la puerta cuando eras tú quien la dejaba abierta e invitabas a entrar. Y, por todo lo demás... ¿Qué importa de quién fuera la culpa si te ha llevado a ser lo que eres, a tener lo que tienes? Qué alegría... Aunque sea una tortura tu empalago, todo tengo que decirlo, sensiblera. No obstante, es un gozo comprobarte tan afable como firme y juiciosa. Eso me cuentan los aires...

Ahora solo queda lo mejor, desprendida del semblante derrotado, de los humos, de gruñidos... de esos pataleos que decoran las goteras de un corazón herido. Solo puedo desearte que flamees tu oportunidad con vivencias, que recuerdes que lo bueno llega vaporizado en pequeñas dosis, que merecemos los días de verano en compensación a las borrascas. Vive, querida Wendy... y que yo lo vea. All-in en el juego de la vida.

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