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No sé a qué te pareces (segunda parte)

Más tarde,
cuanto más me lo sabía,
más vendaje acumulado y el salitre,
huella de las humedades solo,
huella de la sal salpicada
por la ola. 
¿Quién ha visto en pecho ajeno
una puerta de salida a sus ahogos?
¿Cuánto dura ese esplendor 
tan de mentira?
Tu sonrisa perdía brillo. Yo seguía siendo imbécil, esperando... ¿Qué quería que ocurriera? ¿Que cambiaras tú el rumbo  de mis pasos por el rumbo de los tuyos?
No sé a qué te pareces, pero sé que mi apariencia dependía de tu aliento, sometida a la esperanza de que fueras capaz tú de darme nombre.

Decidme, dónde pongo este silencio.

  Vería tus ojos, tus ojos, tus ojos.
Martín Lucía

Tendí las sábanas y las vi
agitarse y elevarse como gaviotas.
Anne Sexton



Porque voy a tener que pediros cobijo
para un silencio,
he venido despojada de palabras.
Solo traigo las esquirlas de las horas
de una noche de vigilia.

Muerdo el ansia con el ansia.
Qué poco sirven los sueños para amainarme
las olas…
Fijaos en mi pecho.
He sembrado dos gazanias a la espera
de sus manos.
Fijaos en mis labios.
Tengo por faro un lunar encendido
para que pueda encontrarme.
Fijaos en mi vientre.
Rumorean mariposas cada vez que veo
su nombre.

Decidme, dónde pongo este silencio
pero, callad, callad que solo puedo

oír su voz. 

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