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No sé cómo llamarlo

El sol, que lo ve todo, me comprende. Luis García Montero


Yo no sé cómo llamarlo,
a pesar de lo sencillo que parece
asomando en otras bocas que lo usan
por costumbre, finta, escolta.
Las palabras que pronuncian
son el pomo de ese baño
donde puede entrar cualquiera.
El orgullo enarbolado
no sabrá contar las llagas
de los dedos que se incrustan
en el remo de mi barca
cada vez que vienen olas.
Y eso pasa a diario.

Yo no sé cómo llamarlo,
ni sentirlo como otros
ni tampoco tengo flores
ni jarrones para adorno
ni acierto con el lazo
—en las patas del novillo—,
ni me salen letras cursis
—de la idiota del pasado—,
ni me sabe a chocolate...
ni te ensucio con un cuento
hoy las manos.

Yo no sé cómo llamarlo, pero sé
que detrás de los versos, de los flecos
del poema
que se va escribiendo solo,
hay una vida que urge y no hay
empeño que lo frene
porque siempre, siempre
estará tu voz.

Ya no quiero comprenderlo

En la butaca del tiempo he pasado incómodas horas 
que combaban el ánimo de algunos días. 
He visto, frente a frente, la mirada perdida 
de la esperanza, 
amaneceres fundidos en negro
y la voluntad entregada a la palabra «luego»,
ya gastado mi mejor «después».

Me he cansado de aguantarme,
sostener el libro abierto en la página que cuenta
que revive la patada o el latido 
camino de la sonrisa,
esa tonta sensación con olor a primavera
donde todo gris es claro y a la vuelta de la esquina
se recobra lo perdido, 
si es que algo contenía aquel fuego, más allá 
de las pavesas que brincaban,
cuando mucho era poco y quedaba todavía,
en apariencia, mucho más para quemar. 

Ya no quiero comprenderlo.
Entendiendo el origen de la lluvia no consigo
poner freno al aguacero
y, aunque llegue a los motivos que acabaron en sepelio,
soy consciente:
no por ello volveré a ver abriles en septiembre, ni de lejos.

Sonarán campanas menos jaraneras,
los ocasos caerán como la tos en golpe seco
sin que vuelva a reflejarse el sol naranja en los ojos 
que miraban otros ojos
y el mar será el mar sin más ornato
cuando escriba en su orilla nuevos versos.

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