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Mostrando entradas de agosto, 2017

Si no te hubiera conocido

Para conocerte,
dejé abiertas las ventanas
y recé sin creer en nada,
cerré los ojos,
lloré.
Hice todo eso que llaman
VIVIR,
aun sabiendo que tu huella
dolería más que una llaga,
que serías cicatriz
latiendo siempre,
vendaval para el pulmón.

Si no te hubiera conocido,
el crepúsculo habría quedado en una palabra estéril
y las estrellas no serían
nada más que estrellas.
Van Gogh habría pintado
sin tocarme el alma,
y nunca habría cantado
Marwan, Manolo o Miguel
en mi oreja,
ni sabría de memoria
recitar a Neruda.
O eso creo.
Tampoco me habría fijado
en Salinas, Garfias o Cernuda
y tu tierra estaría en el mapa,
pero no en mi corazón,
al igual que las playas,
las plantas,
las casas blancas de cal.
Estoy segura, amor.

Si no te hubiera conocido,
ahora estaría viva
sin saber lo que es vivir.

Billete de vuelta (parte 3 de 3)

— Porque no supe hacerlo de otra forma. Todas me parecían dolorosas —respondió Violeta.
El tren se detuvo, pudo escucharse el trasiego de pasajeros que subían y bajaban del vagón más cercano, arrastrando maletas. Algunos de los recién llegados, aprovecharon ese momento para acercarse a la cafetería. Violeta y Samuel se vieron rodeados de padres con hijos que tenían hambre y lo proclamaban a voces, de estudiantes ojerosos que un café cargado y seguían estudiando, sorbo a sorbo, sus folios, de abuelos que solicitaban el periódico para desinformarse un poco. 
— Quiero salir de la cafetería —prosiguió—, me estoy empezando a agobiar con tanta gente.
Dejaron atrás el bullicio para volver a la calma de cogotes, codos, piernas, brazos, caras... cuerpos retorciéndose en sus plazas que más parecían jaulas de rejas invisibles que espacios cómodos para viajes largos. Cuando llegaron al asiento de Samuel, Violeta se sentó a su lado.

— Todavía no entiendo por qué huiste —murmuró él, pasándose una ma…