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Mostrando entradas de julio, 2017

Con esto, no quiero que te confundas

¿Puedes seguir enamorada de alguien que has dejado de querer? Elvira Sastre
¿Ensueño todavía, o tan solo memoria? Ángel González



Que pasa el tiempo y la escarcha se posa sobre el cabello, los años surcan el rostro,  la energía escampa y tú sigues ahí.
Porque escribo apretando el lápiz contra la hoja, no borra la goma la huella por mucho que raspe.  ¿Qué quieres que haga?
Aprendí de memoria tu risa, percibí a distancia  el perfume que usabas, por no hablar del traje de seda que vestía desnuda tu piel. Con esto, no quiero  que te confundas. Digo que eres la herida del folio, la marca por siempre, la mancha que está. Que dueles si escarbo, inútil taparte, Neruda no deja de hablarme de ti.
Si cierro los ojos puedo dibujarte, aunque, cada día me lo invente más. Ya pinto unicornios  más verdes que azules y escucho canciones solo para mí. Me queda sacarte de la poesía  pero, no me importa que vivas ahí...  siempre que no vuelvas.

Este poema no sirve

Este poema no sirve, es inútil
como los descuentos caducados,
como los besos que quedaron en ganas
o las disculpas ahogadas en silencios.
Qué inservibles son sus versos
que no llegan, no logran, no alcanzan
a convencerme siquiera un poco.
Me cuentan que vuelves
y es mentira,
que te acuerdas, todavía,
que me acuerdo, yo también,
que la luna queda a la vuelta
de la esquina
y me faltan pocas piezas
para convertirme en puzle.
No hay acierto que haya escrito.
Este poema no sirve
y ayer me sentía culpable.
Hoy solo me quejo de oído
y dejo que siga ardiendo en letras igual que un rescoldo que intenta sobrevivir a las cenizas.

Escribir o perdonar(me).

Todavía no domino el arte de perder. Saber que voy dejando atrás un trozo de vida, cada día, que otro amanecer supone un capítulo más de la historia que no deja de avanzar hasta un final inevitable. Solo de pensarlo, me aprieta la hora en la muñeca y, en general, todo lo que me robe el tiempo y me corte las alas. 
Me duele el cuerpo porque no he tomado mi sorbo de nostalgia, lo siento, pero hoy no tengo tiempo para un café triste. El verano me ha llamado la atención cuando mis ojos estaban ahogándose en la taza, mareados en los giros de cuchara que delatan mi manía de ir contracorriente, es decir, en sentido contrario a las agujas del reloj. Lanzó rayos de sol al cristal de la ventana y, enseguida, fui hacia ella y me asomé. Allí estaba el estío, sonriéndome con la boca de un niño pequeño que comía el trozo de sandía que su abuela acababa de ofrecerle. Aquella sonrisa carmesí me hizo sonreír, igual que el bostezo llama al bostezo y la lágrima a la lágrima. Qué bien nos entendemos con…