Al principio de todo

Al principio de todo, yo quería
un soneto liviano que no hablara
de ti, tampoco de mí, que intentara
limar asperezas con maestría.

Una rima gentil, aceptaría
el final o la tregua que llegara
por fin, a secar la triste alfaguara
de quejas que entonces, ya sobraría.

¿Y qué conseguí? Que surjas de nuevo,
que otra vez aparezcas en mis versos,
aunque ya no te extrañe, no como antes.

Último terceto, es lo que me llevo,
te he buscado en todos los universos,
te podré hallar en las noches brillantes.

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