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Mostrando entradas de noviembre, 2016

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No tengo el poema que nos salve

Cuando no te queden flores que arrancar
de las muñecas hendidas, ven a mí.
No tengo el poema que nos salve
de derrumbes cotidianos,
pero los versos rebosan
si el ingenio se despierta.
Soñar es gratis
y a mí se me va la pinza
de una manera...

¡Qué decía? Ah, sí:
de amaneceres perdidos están
las tumbas repletas.
Hoy la aurora eres tú.
Yo pongo el café
con dos dedos de un presente
recién hecho, mañanas colados.
Cómo odio la nata que se forma
sobre las ilusiones...

Cuando no te queden flores que arrancar,
ni quimeras, ni ganas de querer
apagar los miedos que sirven de carroña
para cangrejos, cuervos
y otros animales, ven a mí
o corre hacia ti. La misma lumbre
nos aviva.

Ahora que duerme tu voz