Lo que hacer para que no duelas

A veces,
el apego tiene eslabones que solo se rompen
con la cizalla del tiempo.
Y antes,
y mientras,
cada uno arrastra su cadena
soporta el ruido
y sufre consejos de los demás
duchos en solucionar
los problemas que no son suyos.

¿De qué te sirven unas palabras que no devuelven,
que no te curan lo que aún escuece,
que no arreglan nuestro desastre
y solo hablan de enderezarte, cambiar el rumbo,
pasar de página, besar a otro, irse de viaje,
y olvidarte,
                  olvidarte,

                                 olvidarte?

¡Que no quiero olvidar!
―decía yo―.

Me conformo con saber
de qué lado acuesto al corazón
para que, al dormir,
no duela.

Hasta ahora,
nadie supo darme respuesta.

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