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Me sobran palabras


Me sobran las palabras.
Lo que me falta es el poema
donde dejarlas estar.
Liberarlas de la carga
de aguantar en el aire
el peso muerto del silencio.

Una amiga me preguntó
un día:
¿Dónde queda todo lo que
no se dice?
Yo le respondí:
Supongo que se pierde
por la misma rendija
invisible
que escapan aquellas ideas escritas
y luego, borradas,
las que nadie más llega a leer.
O quizá, convergen
donde habita el olvido,
suponiendo que haya un sitio
capaz de dar cobijo
a tanta inmensidad.

Cualquiera sabe.

Yo lo que sé es que
me sobran las palabras.
Sí, y me falta el paso que avanza,
traspasando el límite de la afonía,
dándole voz presente
a otros días, que ya no son,
pero fueron.
Trasgredir la línea,
sacarle punta a las tildes
o la lengua a las esdrújulas.
Guiñarle un ojo al pasado,
sin pena ni gloria.
Subirme al presente,
dejarme de historias,
mirar al futuro
como algo cercano
que puede que llegue
pero no me agobia.

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Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
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en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
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Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
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¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
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que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
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De ruido se inunda Ruenes,
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Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!