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Me fui.

Me fui.
Pensaba que, de lejos,
curaría esta miopía 
que me pesa en la nariz,
y me haría menos daño
tu recuerdo.
Comprobé 
que no era cierto y, además, 
aprendí que no hay azul
como el de aquí.
Tal vez,
las nubes le tienen
miedo.

A veces, regreso,
y lo hago a estas calles
que se saben de memoria
mis paseos.
Recupero en un trago
los recuerdos
y la locura que quedó
no sé ni dónde.

Vuelvo,
por si acaso te acuerdas
de mi nombre
y decides ver la historia
de otro modo.
Me conformo con el verde
que hay en el parque
desde que no están
tus ojos.

Yo, si quieres, cruzo
el puente
que lleva hasta mi barrio,
me siento a esperarte
y enciendo las farolas,
y veo pasar la gente,
me voy quedando sola,
despierto al vecindario
gritando como loca
que, si quieres,
destapo la poesía,
las letras boca arriba,
la vida boca abajo,
los versos en tus labios,
la risa bienvenida
pero... aparece.

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Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
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en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
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cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!