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Mostrando entradas de abril, 2016

Y tú me preguntas (canción para un café de Triana)

Me preguntas
si hay vida después de la tristeza,
sacudes las señales de interrogación.

Te respondo
que el tiempo hace limpieza,
y solo hace falta cambiar de estación.

Si quieres
tomamos otra ronda
que a mí me sobran versos
y a ti la inspiración.

Si quieres
sacamos los cuadernos,
contamos nuestros sueños
y que ella ponga la voz.

Si quieres
me invento yo la trama,
que siga la terapia,
que recorramos Triana,
que no nos falte alcohol.

Y tú me preguntas
si la herida se cierra,
si merecerá la pena seguir nuestra intuición.

Y yo te respondo
que ojalá lo supiera
que te pidas un vodka
y a mí me pidas ron.

Pago yo las rondas si ella canta la canción.

Si me das una V

Vuelve,
ven volando, vamos, valiente,
que me vale una vez
solamente.

Llevo, veinte años viendo como llueve.
Va y viene el viento, a veces.

Versos, como vaho veteado
en la ventana del olvido.
Valles de verbos vueltos veredas.
Vuelvo a verte en vasos de vodka
que no me bebo.

Vas a verme ―tú también a mí―
alzando el vuelo.
Voto por vivir veloz
sin velo,
sin miedo.

De vez en vez
vestirme de verano,
viajar todos los viernes,
vibrar sobre tu vientre,
verter el vicio
en tus labios.

Vuelve,
malversa los besos conmigo.

Devuelve cada adverbio a su gaveta.
¡Abrevia!
que se vuela abril.

Vuelve,
volvamos al adarve
de donde venimos.

Me fui.

Me fui. Pensaba que, de lejos, curaría esta miopía  que me pesa en la nariz, y me haría menos daño tu recuerdo. Comprobé  que no era cierto y, además,  aprendí que no hay azul
como el de aquí.
Tal vez,
las nubes le tienen
miedo.

A veces, regreso,
y lo hago a estas calles
que se saben de memoria
mis paseos.
Recupero en un trago
los recuerdos
y la locura que quedó
no sé ni dónde.

Vuelvo,
por si acaso te acuerdas
de mi nombre
y decides ver la historia
de otro modo.
Me conformo con el verde
que hay en el parque
desde que no están
tus ojos.

Yo, si quieres, cruzo
el puente
que lleva hasta mi barrio,
me siento a esperarte
y enciendo las farolas,
y veo pasar la gente,
me voy quedando sola,
despierto al vecindario
gritando como loca
que, si quieres,
destapo la poesía,
las letras boca arriba,
la vida boca abajo,
los versos en tus labios,
la risa bienvenida
pero... aparece.

Me sobran palabras

Me sobran las palabras.
Lo que me falta es el poema
donde dejarlas estar.
Liberarlas de la carga
de aguantar en el aire
el peso muerto del silencio.

Una amiga me preguntó
un día:
¿Dónde queda todo lo que
no se dice?
Yo le respondí:
Supongo que se pierde
por la misma rendija
invisible
que escapan aquellas ideas escritas
y luego, borradas,
las que nadie más llega a leer.
O quizá, convergen
donde habita el olvido,
suponiendo que haya un sitio
capaz de dar cobijo
a tanta inmensidad.

Cualquiera sabe.

Yo lo que sé es que
me sobran las palabras.
Sí, y me falta el paso que avanza,
traspasando el límite de la afonía,
dándole voz presente
a otros días, que ya no son,
pero fueron.
Trasgredir la línea,
sacarle punta a las tildes
o la lengua a las esdrújulas.
Guiñarle un ojo al pasado,
sin pena ni gloria.
Subirme al presente,
dejarme de historias,
mirar al futuro
como algo cercano
que puede que llegue
pero no me agobia.