Cazar estrellas fugaces al vuelo

A mí,
que me sobran dedos
en las manos
tecleando sensaciones.
Que pierdo lágrimas
de alegría
visitando Cádiz
y su provincia.
Que me sonrojo
y revivo
cuando llego a Sevilla.
Que siento
a mordida cordobesa
que atraviesa mi tristeza
y la desgarra,
cada vez que vengo
a mi tierra.
Que hipotequé mi corazón
para comprarle una venda.
Que me acostumbré
a ser nómada
porque todos los sitios
pueden ser casa y cárcel,
paraíso y tinieblas.

A mí,
que se me duermen
las películas
sobre los párpados.
Que me cuesta
recordar el futuro
porque deshago los planes
mil veces al día.
Que tapo con recelo el folio
cuando escribo.
Que, a veces, me siento minúscula
y sin tinta.

A mí,
que me abruman los bullicios.
Que prefiero charlar con nadie,
o solo conmigo,
si me aprieta el vacío
na tarde de domingo.
Que soy feliz con una copa
de vino dulce,
frío.

A mí,
me salvas tú
en cada verso,
me sacas el verbo,
me aclaras el negro,
me alivias los miedos,
me borras el pero,
me excitas el gesto,
me abres el cielo,
me quitas el sueño.
Y así...
liberas la llama
que quema mi cuerpo
y no desesperas
si aspiro de nuevo
a cazar estrellas fugaces al vuelo.

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