Cómo será entenderte

¿Cómo será entenderte?
Aún se posa esa pregunta
en mi ventana
cuando el sol corre las nubes
de cortina en el cielo.

Hubo un tiempo de gloria,
lo recuerdo.
Eran mis letras deidades
que servían de consuelo
a tu tristeza.
Sabía dar nombre
a los monstruos vivos
en tu pecho.
Qué bien escribes, mi vida
—me decías—,
y yo, que me asusto cuando 
oigo aplausos,
camuflaba el bochorno
en el albergue de tu cuello,
complacida al escucharte,
timorata, pese a todo.
Siempre me asustó
lo fugaz de las opiniones.

¿Cómo habría sido entenderte?
Debo este poema a esa incógnita
mal pespuntada.
Tal vez, si hubiese combinado
con más acierto
tu aridez y mis dramas,
o hubiera plantado cara al ruido
que hace el miedo al fracaso...
Dirán que ya no sirve,
no importa,
no cuenta;
pero sí que cuenta para mí
que odiaba ver a mi romanticismo
suicidándose
en cada uno de tus desplantes.
¿Y si, de repente,
te hubiera dicho que la duda
también me había visitado a mí,
que no solo tú tenías la cabeza
llena de arañas?
Porque a todos nos pesa algo, amor,
y a mí me pesaba el pasado,
sobremanera.
Sin embargo, fuiste tú
quien me apartó de la forma
más dolorosa, es decir,
dejando que la vida se hiciera
sin hacer nada.

¿Cómo, cómo será entenderte
ahora que te han crecido alas
y planeas libre de nuestros ruidos,
dejándote mecer por otros brazos
que no aprietan como los míos?

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