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No sé a qué te pareces (segunda parte)

Más tarde,
cuanto más me lo sabía,
más vendaje acumulado y el salitre,
huella de las humedades solo,
huella de la sal salpicada
por la ola. 
¿Quién ha visto en pecho ajeno
una puerta de salida a sus ahogos?
¿Cuánto dura ese esplendor 
tan de mentira?
Tu sonrisa perdía brillo. Yo seguía siendo imbécil, esperando... ¿Qué quería que ocurriera? ¿Que cambiaras tú el rumbo  de mis pasos por el rumbo de los tuyos?
No sé a qué te pareces, pero sé que mi apariencia dependía de tu aliento, sometida a la esperanza de que fueras capaz tú de darme nombre.

Si vienes

Si vienes a este lado del mapa
te enseñaré la playa
que he inventado para ti.
Nuestras ropas arrugadas en la arena
serán parte del paisaje
donde no faltará poesía
porque toda la traerás tú.

Si vienes,
prometo contemplarte hasta
aprenderte de memoria,
creer en los milagros,
quemar mis poemarios,
mudarme a París.

Si vienes,
me quitaré las gafas
y soplaré tan fuerte
que haré que el viento
esparza el miedo
como hace con las semillas
de un diente de león.
Y luego,
ahuyentaré a los monstruos,
olvidaré el decoro,
escribiré de nuevo,
te versaré a ti.

Quizá me dure el sueño
todo el tiempo,
o tarde en romperse
lo que tarda un poeta
en retocar un verso
que no acaba
de perfeccionar.

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