Para no perder el sur

Todos los días tengo un tarareo
que me acompaña 
viene de lejos
como las letras que escribo 
para no perder el sur.

Ya se lo decía a una amiga:

estoy hecha de pasado
y mi presente es el libro que acabo
de empezar. 
Podría decir que me encanta ver la hoja
en blanco, aunque impone ese vacío
manchado de café al amanecer.

Es cierto que llevo la brújula 
siempre en la mano
pero, a veces, quisiera perderme
-y no lo consigo-.
Me evito y procuro no hablarme
para que siga durmiendo el dragón
que habita en mí.

¡Qué difícil se me hace escapar 
yendo conmigo!

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