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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día? 

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.

Decidí


[…] pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.
Begoña Abad
Decidí romper esta cadena que me ata
a los pies de tu cama
con desgana,
sin importar si es de noche o es de día,
si estoy a solas conmigo o
sólo vivo los restos de tu presencia.

Decidí escupir ese sabor amargo
que me queda
tras el sorbo de un encuentro,
abandonar el camino,
no cargar con tus culpas
ni pedir más disculpas,
romper los glaciares,
recoger los
cristales
de la vida 
que rompiste
y buscar mi desvío.

Decidí no volver a salvarte
volar y no ahogarme,
cerrar las puertas del infierno
y caminar descalza por el cielo.

Decidí ser yo,
solamente yo,
sumando una y no dos. 

Sin un "nosotros" que nos una,
restarte a ti es la solución.

Decidí ser libre.

Ser yo.

Sexta colaboración Nuria Sobrino  y Soraya Benítez 

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