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No sé a qué te pareces (segunda parte)

Más tarde,
cuanto más me lo sabía,
más vendaje acumulado y el salitre,
huella de las humedades solo,
huella de la sal salpicada
por la ola. 
¿Quién ha visto en pecho ajeno
una puerta de salida a sus ahogos?
¿Cuánto dura ese esplendor 
tan de mentira?
Tu sonrisa perdía brillo. Yo seguía siendo imbécil, esperando... ¿Qué quería que ocurriera? ¿Que cambiaras tú el rumbo  de mis pasos por el rumbo de los tuyos?
No sé a qué te pareces, pero sé que mi apariencia dependía de tu aliento, sometida a la esperanza de que fueras capaz tú de darme nombre.

Decidí


[…] pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.
Begoña Abad
Decidí romper esta cadena que me ata
a los pies de tu cama
con desgana,
sin importar si es de noche o es de día,
si estoy a solas conmigo o
sólo vivo los restos de tu presencia.

Decidí escupir ese sabor amargo
que me queda
tras el sorbo de un encuentro,
abandonar el camino,
no cargar con tus culpas
ni pedir más disculpas,
romper los glaciares,
recoger los
cristales
de la vida 
que rompiste
y buscar mi desvío.

Decidí no volver a salvarte
volar y no ahogarme,
cerrar las puertas del infierno
y caminar descalza por el cielo.

Decidí ser yo,
solamente yo,
sumando una y no dos. 

Sin un "nosotros" que nos una,
restarte a ti es la solución.

Decidí ser libre.

Ser yo.

Sexta colaboración Nuria Sobrino  y Soraya Benítez 

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