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Mostrando entradas de julio, 2015

Si vienes

Si vienes a este lado del mapa
te enseñaré la playa
que he inventado para ti.
Nuestras ropas arrugadas en la arena
serán parte del paisaje
donde no faltará poesía
porque toda la traerás tú.

Si vienes,
prometo contemplarte hasta
aprenderte de memoria,
creer en los milagros,
quemar mis poemarios,
mudarme a París.

Si vienes,
me quitaré las gafas
y soplaré tan fuerte
que haré que el viento
esparza el miedo
como hace con las semillas
de un diente de león.
Y luego,
ahuyentaré a los monstruos,
olvidaré el decoro,
escribiré de nuevo,
te versaré a ti.

Quizá me dure el sueño
todo el tiempo,
o tarde en romperse
lo que tarda un poeta
en retocar un verso
que no acaba
de perfeccionar.

Para no perder el sur

Todos los días tengo un tarareo
que me acompaña 
viene de lejos
como las letras que escribo 
para no perder el sur.

Ya se lo decía a una amiga:
estoy hecha de pasado
y mi presente es el libro que acabo
de empezar. 
Podría decir que me encanta ver la hoja
en blanco, aunque impone ese vacío
manchado de café al amanecer.

Es cierto que llevo la brújula 
siempre en la mano
pero, a veces, quisiera perderme
-y no lo consigo-.
Me evito y procuro no hablarme
para que siga durmiendo el dragón
que habita en mí.

¡Qué difícil se me hace escapar 
yendo conmigo!

Yo también me canso

                                                      A veces me canso Nuria Sobrino (adaptación)

Aunque, a veces, me pongo mi corona de buena
puedo considerarme un diablo más
que se cansa de todo, que esquiva las reglas,
que no está muy de acuerdo en eso de acatar
siempre el sistema que nos ordena silencio
y nos condena a una máscara de apariencia feliz,
sonrisa fingida, resignación aceptada 
con el paso de los años.

Aunque, a veces, me pongo mi corona de buena 
que calla lo que otros denuncian en huelgas 
y manifestaciones, otras veces, saco la guerrera
y levanto puños en alto, grito y lloro gritando
que no nos van a tapar la boca con miedos.

Aunque, a veces, me pongo mi corona de buena,
yo también me canso.

Casi lo logro

Casi lo logro.
Pasear la ciudad
y no verte.
Hoy pensé
que te habías marchado
y sentí, de repente, una mano
posada en mi hombro,
haciéndome libre.

Cómo te explico
que me vino la brisa a la cara,
que me dio por cruzar
nuestro puente
y, al final del trayecto...
tú.

Qué putada más grande.
Es verdad que te vi,
pero no como siempre.

Se llenaron de río
mis ojos
y corrí a buscarte,
donde quiera que fuese,
porque algo debió de quedar
de nosotros,
más allá del silencio afilado
con odio,
un idioma de ceño fruncido
que impide entenderse.

Puede que mueran los años
y, todavía,
no te encuentre.
Sin embargo,
en mi memoria pervivirá
la imagen de dos sombras
paseando bajo el embrujo
de una noche calurosa,
amantes nadando sueños,
jóvenes,
tú,
yo.

Yo no invento finales

Si dejas de quererme lo sabrá este poema y todo lo que cuenta se va a volver mentira. Benjamín Prado - San Salvador



Yo no invento finales,
solo itinerarios que buscan
la manera de encontrarte
todo el tiempo.
¿Te das cuenta?

Quiero hallarte en tus cenizas.
Saber que ya no eres
lo que dice tu recuerdo.
Desconocerte.
Leer a Cernuda una tarde
sin derramar una lágrima.
Pasear por la ciudad,
no evitando tu calle.
Vivir en primavera
todo el año.

Ya sé,
cuesta entenderlo.

Yo veía en mis macetas
el verdor húmedo usado
para pintar las montañas
del norte,
y confié que serviría
de aspersor para mi vientre,
acallándome las tripas,
aunque, claro...
¿Desde cuándo
el agua alivia el hambre?

Diez dragones me mordieron,
destrozándome las ganas,
arrancándome las alas
que llevaba en la garganta,
incendiándome las huellas
de las yemas de los dedos,
despegándome las letras
que usaría para mis versos
de poeta poco cuerda
y...
sigo escribiendo
con las fuerzas que me quedan
eligiendo nuevos verbos.

Yo no invent…

Decidí

[…] pero preferí averiguar qué eran los dos bultos que me nacían en la espalda y echarme a volar. Begoña Abad Decidí romper esta cadena que me ata
a los pies de tu cama
con desgana,
sin importar si es de noche o es de día,
si estoy a solas conmigo osólo vivo los restos de tu presencia.
Decidí escupir ese sabor amargo
que me queda
tras el sorbo de un encuentro,
abandonar el camino,
no cargar con tus culpas
ni pedir más disculpas,
romper los glaciares,
recoger los
cristales
de la vida que rompiste
y buscar mi desvío.
Decidí no volver a salvarte
volar y no ahogarme,
cerrar las puertas del infierno
y caminar descalza por el cielo.
Decidí ser yo,
solamente yo,
sumando una y no dos. 
Sin un "nosotros" que nos una,
restarte a ti es la solución.
Decidí ser libre.

Ser yo.
Sexta colaboración Nuria Sobrino  y Soraya Benítez