Más al sur del sur

Noté que la mano del mar
me había dejado en la orilla de una playa
más al sur del sur,
donde nunca había estado
pero siempre quise estar,
donde el soplo de aire burla
al cierre de la ventana,
silbándole a los miedos
que se asustan
y se marchan.

Ese viento,
brisa o vendaval
que aspiré en bocanada,
más al sur del sur,
me enseñó a vestir desnuda
y a tatuarme el trallazo de la arena
en los días de borrasca.
Además, 
me mostró el brillo de la oscuridad
en las noches estrelladas
y el sabor de agua con sal
que en la duna se quedaba.

No pude reprocharle que se fuera
pero puedo reprenderle por su marcha.
Se fue sin haberme enseñado
a respirar la ausencia
tan amarga...
más al sur del sur.

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