Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de junio, 2015

Cría versos y se abrirán cerrojos

Si quebramos el silencio
y nos hieren sus cristales,
quizá, mejor no romperlo.

Habrá que poner remedio
cerrar la boca del todo,
los labios formando un beso.

Bájate ya del trapecio
y siéntate aquí, a mi vera,
que detengamos el tiempo.

Recuérdame cómo iba eso
de quererse sin medida
ni reproches de por medio.

Dejaremos choques previos
ahogados en el río,
que el pasado ya se ha muerto.

Tendremos que ir descubriendo:
para ahora, lo de ahora,
para luego, lo de luego.

Decir(te)quiero

Decir: “te quiero”, diré si te miento.
Decirte: “quiero ver un mañana en tu olvido”.
Despertar del sueño que te viste de seda en un mundo de cuero. Borrar las tormentas que calan los huesos ―y el alma― como la niña pequeña que ensaya caligrafía corrigiendo las letras torcidas.
Decirte: “no quiero mirarte”, pero te miro porque no puedo dejar de hacerlo.
Cómo cuesta despegarse de los besos, de los recuerdos.
Voy a descoser todos mis bolsillos para que salga la calderilla, que deja la bolsa llena de peso sin valía.
Por eso, decir: “te quiero” es algo que ya no puedo decir contigo.
Despegarme quiero.
Despegarme de la que vuelve para quedarse cuando yo no quiero, cuando ya me he ido.
Despegarme las dudas y las excusas que disparan las mentiras con dirección de ida y vuelta.
Despegarme

Lo que pasa cuando te leo

Camino por tus versos
que me cuentan lo que yo quería decir,
con tus palabras.

Me gusta leerte porque
emerges de las páginas  y te sientas a mi lado, me retiras el cabello de la oreja y susurras en mi oído  con tu acento hecho letra.
Quizá, debería avergonzarme al ver cómo te desabrochas  los sentimientos más íntimos,  pero no lo hago. Al contrario,
florecen preguntas en mis poros
y preciso saber de tus fantasmas,
averiguar lo que te altera o te perturba,
conocer lo que es capaz de humedecerte,
descubrir el baluarte que te guarda.

Cuando abro tus libros
consigues que me invada una especie
de locura.
Me dan ganas
de arrancarte la ropa a versos
y la piel a rimas.
Estoy segura de que llevas tatuado
un poema en los huesos.
Estoy  segura de que toda tú
rezumas poesía.

Más al sur del sur

Noté que la mano del mar
me había dejado en la orilla de una playa
más al sur del sur,
donde nunca había estado
pero siempre quise estar,
donde el soplo de aire burla
al cierre de la ventana,
silbándole a los miedos
que se asustan
y se marchan.

Ese viento,
brisa o vendaval
que aspiré en bocanada,
más al sur del sur,
me enseñó a vestir desnuda
y a tatuarme el trallazo de la arena en los días de borrasca.
Además,  me mostró el brillo de la oscuridad
en las noches estrelladas
y el sabor de agua con sal que en la duna se quedaba.

No pude reprocharle que se fuera
pero puedo reprenderle por su marcha. Se fue sin haberme enseñado a respirar la ausencia tan amarga... más al sur del sur.

(Des)bordando el mar

Dando brazadas en un vaso
a punto de rebosar,
desbordada,
salpicando todo fuera.
A mi alrededor, el mar.

Desbordada, casi ahogada
con tanta meada ciega.
Cerrar los ojos quisiera,
no darme cuenta de nada.
La ignorancia da la felicidad,
dice su balada.
¡Formateen todos mis principios!
¡Bórrenme los amores!
Quemen la papelera
y olvídense del backup.

¡Desbordada!
Desbordada y cansada de gritar
en esta selva en la que todos luchan.
¡Quiero parar!
Quiero invernar en un lugar
donde el político sea oso hormiguero
y los banqueros solo ardillas
con castañas para custodiar.
Quiero pasar allí el invierno,
lejos de la incertidumbre
y este malestar.
Quiero dejar de remar entre tanta gota corrompida. Ojalá encuentre una salida, el camino que me lleve a la ciudad
donde la horchata recorre las venas.
No tengo miedo a lo desconocido,
quién sabe,
quizá allí coja el ritmo.
Si la encuentro,
colgaré un marco en la puerta (de mi casa)
que diga: 
aquí ahogarse está prohibido”.


(Cuarta colaboración: Nuria Sobrino & Soraya Benítez)

Sigo estando bien.

¿Quién dijo amor?
Yo hablaba de mañanas templadas  y olor a jazmín.
Un blanco planeando sobre azul recién pintado. De par en par abiertas las ventanas, la sal colándose en mi nariz, y la risa tonta riéndose por nada con los ojos turbios de ilusión por estrenar.
¿Quién dijo dolor?

Yo hablaba de los cuentos de mentira,  de los finales con panteras disfrazas de perdices que no acaban de cerrar  las cicatrices que la esperanza  les dejó. 
¿Quién dijo nostalgia?
Yo hablaba de las noches de vigilia, de los juegos con la cara oculta  de la luna, del asombro al descubrirte en otras bocas que no eran  la tuya. Aún intento deshacer el nudo  de mi garganta, y confundo con alergia los ojos llenos de lágrimas cuando creo que vislumbro  tu perfil. 
Como ves,  sigo estando bien.

Duele sin mí.

Nada más solitario que el dolor
porque también excluye a quien lo siente,
si con él se traiciona o se acompaña.
De mi propio vacío
siempre yo el excluido.
Luis García Montero. El dolor me ha echado de mi propia soledad. Ahora vago sin ti, sin él, conmigo, ahogada en mi mutua compañía. Profundidad, oscuridad sin límite que empieza y termina en mí.
Te nombro, al viento que pasa sin pronunciar palabra.
No veo tu rostro, carente de memoria. No respondes, tan solo te escondes en alguna miseria urgente, olvidando los pronombres que nos mencionan.
Ausente de tu silencio dentro de algún tugurio apartado de la cordura, empapo en vino palabras esquinadas en el olvido.
Soy yo quien vino a por el trago mas siento que es el vino quien me traga. No importa el sentido, aquí y ahora, entre tanta gente doliente, gritando al mundo.
La noche en las calles de esta ciudad deshabitada alumbra a los desmemoriados que llevan el paso a    rras           tra                do.
Y yo me detengo debajo de cada farola buscando la luz que cure la amnesia…