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(Intro)verso

Momentos en los que quedo
hundida en los versos,
huntado el cuerpo de letras,
camuflada por fuera
y por dentro.

Qué suerte hacerme invisible
detrás de la calima.
Soy calada que se esfuma
de un cigarro que se posa
en tus labios
sedientos.

La estela de un velero,
lo breve del tiempo
o el amanecer de un sueño
dilatado en estrofas.
Así soy, y así lo muestran
los poetas que atraviesan
mi pecho
con su lengua de dos hojas
y acarician sin manos
por debajo de la ropa.

Momentos en los que parece
que llevo el corazón desatado
y tropiezo con mi sombra.
Calzo un número pequeño
de latidos
porque llegan huracanes de palabras
que no entiendo
y, aunque trago los poemas
que me llenan,
llueve lento e incomprensible
lo que escribo.
Quizá, por eso,
me pierdo conmigo
y me encuentro a solas
cuando sangra la tinta
del bisturí de la memoria.

Comentarios

  1. A veces me pierdo entre tus letras para encontrarme luego en tus metáforas, de golpe, reconocida y desnuda ante esa lluvia lenta e incomprensible de lo que escribes...
    Genial tu (intro)verso Soraya, y el título me ha encantado ;)

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  2. :) muchas gracias, Nuria. Así da gusto escribir ^^

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Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!

Si pudieras escucharme

La vida no traiciona, solo existe de un modo diferente al esperado. Luis García Montero

Con frecuencia, las palabras nos traicionan. Sumisas del viento, engarzadas a una nube o colgadas de la rama más alta de un árbol del parque, esperan el momento de ser expresadas. A veces, no por falta de elocuencia, sí exceso de ignorancia. Suponemos que habrá tiempo para usarlas cuando sea que queramos y, no siempre es posible, como indica nuestro caso. Lucubrando tus respuestas omití yo mis preguntas, y viceversa. Aceptamos lo que vino sin oponer resistencia a la crecida de las dudas, y de la distancia, y de los inviernos, y de la amargura y... no volvimos a vernos. Primero, nos separó el orgullo. Después, puso yeso de por medio la ironía de la vida, cuando ya no hubo tiempo ni tampoco despedidas que pulieran el «ya nunca...».
Si pudieras escucharme... ¡ay, si pudieras! Suspiro y se aceleran las patadas o latidos que golpean las paredes de mi pecho si pienso en esa improbable contingencia. Mandarí…

Qué hago con...

Se me han debido caer
las horas al suelo.
No las encuentro.

¿Qué hago ahora con el tiempo?

Estoy cansada de buscar,
de ver calendarios
que se deshojan
a un ritmo frenético.
Quizá sea hora
de confesar
que he perdido en la orilla del mar
mi reloj de arena (queriendo).

Desde hoy voy a contar las olas
 sin prisa,
 sin tarde,
 sin corre.

Nadie me espera.

Voy a quemar los minutos
despierta.
No tengo sueño.
Doscientos seis huesos
me llevarán
de aquí a las estrellas
o, tal vez, más lejos.

Y ya puestos a inventar,
con solo diez dedos,
crearé un nuevo planeta,
desierto,
para mí y para mis versos
de mierda,
me sobra el resto.