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Viento del sur


Los naranjos han llorado
azahar almidonado
tapizándote una alfombra
que, a cualquiera, va y asombra.
Toda la calle te nombra.
Sé que no me has olvidado.
Creo que yo a ti tampoco,
quizá, por eso, te evoco
en todo poema loco
que mis dedos han creado
en las noches perfumadas
por jazmines abrigadas.
Todas las voces calladas
y mi pecho alborotado.
Se acumulan los abriles
mas parecen juveniles,
aún conquistan a miles
con ojos ilusionados.
Me quedarán muchas lunas,
puede que me beba alguna
subida a una de tus dunas.
Tu acento lo habré versado.
Ya quiero volver a verte,
del sur seré hasta la muerte,
levante pega muy fuerte,
poniente suena calmado.

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Decía Benedetti que el tiempo es como el viento, empuja y genera cambios. Qué te voy a decir a ti, querida Wendy, dríade abrazada a árboles de nieve, deslucida sombra en noches de insania y, de vez en cuando, marioneta subida a caballos de acero, desbocados. Qué te voy a decir a ti, depósito de miedos y albergue de almas opacas... Todo eso eras, hasta que dejaste de serlo. Porque siempre hay un comienzo, ¿verdad? Porque la espera irrita, indigna y desalienta; pero, también, es capaz de acaparar toda la energía que deberíamos invertir en VIVIR, antes de que la palabra «tarde» se pose sobre la lánguida boca de un cuerpo perecedero. 

Un día te sonó la alarma del aire nuevo. No me extraña en absoluto tu sorpresa, mirando a todas partes, buscando la cámara oculta e irónica de la realidad que te llovía en ese momento. Incrédula, como todo aquel que ha perdido demasiado tiempo lamiéndose las penas, en lugar de encaminar la barbilla y los ojos hacia lo cierto, que no es más que una simpleza…

Versos en Peñamellera

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