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No tengo el poema que nos salve

Cuando no te queden flores que arrancar
de las muñecas hendidas, ven a mí.
No tengo el poema que nos salve
de derrumbes cotidianos,
pero los versos rebosan
si el ingenio se despierta.
Soñar es gratis
y a mí se me va la pinza
de una manera...

¡Qué decía? Ah, sí:
de amaneceres perdidos están
las tumbas repletas.
Hoy la aurora eres tú.
Yo pongo el café
con dos dedos de un presente
recién hecho, mañanas colados.
Cómo odio la nata que se forma
sobre las ilusiones...

Cuando no te queden flores que arrancar,
ni quimeras, ni ganas de querer
apagar los miedos que sirven de carroña
para cangrejos, cuervos
y otros animales, ven a mí
o corre hacia ti. La misma lumbre
nos aviva.

Si te acuerdas de mí, no vuelvas

Porque han regresado mis ojos
a los poemas escritos con la emoción
de otro tiempo,
y me siento entre sus verbos una extraña,
declamando con denuedo,
con tristeza implorando que regrese
lo que había antes de irte,
me sorprendo.

Una sombra, un reflejo, lo que fuera
si eras tú, de algún modo.
Que volvieras, quería eso.
Daba igual si traías los bolsillos
hartos de queja,
si dejabas la miel en los labios
o escupías un discurso donde
víctima eras tú y el verdugo
—tan parecido a mí—
una alfombra a la planta de tus pies.No importaba.
Cualquier cosa prefería al silencio:
la costumbre sistemática,
huir de la soledad,
dejar de ser yo la mala,
equivocarme otra vez...

Sin embargo, he comprobado,
que sin ti la vida sigue
y consigo respirar.
Es curioso, en los versos de Salinas
ya no encuentro el verdor
ni me hace falta olvido para olvidarme
de ti.

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