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Será que mi sed de azul es parecida.

Será que mi sed de azul es parecida
y me ahogo en sitios grandes, saturados,
y me sobra media gama de colores
de entre todos los que la ciudad me vende.
Puedo entender tu agobio.
Quizá, no es nada nuevo:
¿quién se salva de ser un poco gato?

Te habita una ciudad sin ser su habitante.
Yo soy de cada hogar que tiene por pelusas
algunos de mis lloros
y busco el azul, a veces, me impaciento;
llega pronto, llega tarde…
depende de mis ojos ese día.

¿Por qué no bailamos al borde,
también, nosotros?
Hay una orilla esperándonos, deseando
que le besemos sus labios azules.
Estoy segura.

Si te acuerdas de mí, no vuelvas

Porque han regresado mis ojos
a los poemas escritos con la emoción
de otro tiempo,
y me siento entre sus verbos una extraña,
declamando con denuedo,
con tristeza implorando que regrese
lo que había antes de irte,
me sorprendo.

Una sombra, un reflejo, lo que fuera
si eras tú, de algún modo.
Que volvieras, quería eso.
Daba igual si traías los bolsillos
hartos de queja,
si dejabas la miel en los labios
o escupías un discurso donde
víctima eras tú y el verdugo
—tan parecido a mí—
una alfombra a la planta de tus pies.No importaba.
Cualquier cosa prefería al silencio:
la costumbre sistemática,
huir de la soledad,
dejar de ser yo la mala,
equivocarme otra vez...

Sin embargo, he comprobado,
que sin ti la vida sigue
y consigo respirar.
Es curioso, en los versos de Salinas
ya no encuentro el verdor
ni me hace falta olvido para olvidarme
de ti.

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