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El enfado con la poesía

Que los versos se quedaran en domingo
y en los parques con los techos azulados,
no me extraña, no me duele.
Cuando tratas de engañarme construyendo
los poemas por encima de la herida,
los poemas que nacieron de la herida,
los poemas supurados por la herida,
no me extraña, no me duele.

El enfado es otra cosa.
Vivir para mis horas
el tiempo de otros, por ejemplo.
Añorar lo que no he sido nunca,
pero me habría gustado.
Creerme el pensamiento firme
de alguien que vive en mi cabeza. 

¿Quién le dice a la poesía lo que no debe contarse?
Migran las palabras cada poco,
como vuelan emociones de veleta
que lo mismo son invierno que verano.
Me confunde tanto giro.
¿Soy yo quién escribe los poemas
o son ellos los que escriben sobre mí?

Que no soy poeta

Que no soy poeta,
que solo vinculo las letras,
asocio palabras que bailan de noche,
recreo momentos e invento
que tú me querías,
que yo aún te quiero.

Balcón emplomado,
las nubes reunidas frente a la ventana.
No sé si es agosto.
Tengo tres macetas de varios colores
sufriendo alopecia y el mirlo agoniza,
un trozo de carne con alas
que viene extrañando tu voz.

Quieres que lo haga, pero no exagero.
No sé en qué piedra guardé la memoria
del ángel terrible que llamó Cernuda.
Y no, no soy poeta, si acaso lo fuera
te hallaría dormida
encima de alguno de aquellos poemas
que un día escribí con la piel mojada
del río Majaceite,
con tu nombre a mí entregado
como dirían los versos
de Caballero Bonald.

Y no soy poeta
pero quisiera serlo,
dotar de lirismo al recuerdo
que apenas nos queda,
el humo de instantes que el viento
o el tiempo
se empeña en llevarse
y me es imposible guardarlo
en cualquier botella.
Amnesia o tiempo.

Comentarios

  1. La sombra se alarga y se encoje, pero ¡que nunca desaparezca! ...sin sombra, no hay sol, y sin sol no hay sombra

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