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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día? 

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.

Que no soy poeta

Que no soy poeta,
que solo vinculo las letras,
asocio palabras que bailan de noche,
recreo momentos e invento
que tú me querías,
que yo aún te quiero.

Balcón emplomado,
las nubes reunidas frente a la ventana.
No sé si es agosto.
Tengo tres macetas de varios colores
sufriendo alopecia y el mirlo agoniza,
un trozo de carne con alas
que viene extrañando tu voz.

Quieres que lo haga, pero no exagero.
No sé en qué piedra guardé la memoria
del ángel terrible que llamó Cernuda.
Y no, no soy poeta, si acaso lo fuera
te hallaría dormida
encima de alguno de aquellos poemas
que un día escribí con la piel mojada
del río Majaceite,
con tu nombre a mí entregado
como dirían los versos
de Caballero Bonald.

Y no soy poeta
pero quisiera serlo,
dotar de lirismo al recuerdo
que apenas nos queda,
el humo de instantes que el viento
o el tiempo
se empeña en llevarse
y me es imposible guardarlo
en cualquier botella.
Amnesia o tiempo.

Comentarios

  1. La sombra se alarga y se encoje, pero ¡que nunca desaparezca! ...sin sombra, no hay sol, y sin sol no hay sombra

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