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El enfado con la poesía

Que los versos se quedaran en domingo
y en los parques con los techos azulados,
no me extraña, no me duele.
Cuando tratas de engañarme construyendo
los poemas por encima de la herida,
los poemas que nacieron de la herida,
los poemas supurados por la herida,
no me extraña, no me duele.

El enfado es otra cosa.
Vivir para mis horas
el tiempo de otros, por ejemplo.
Añorar lo que no he sido nunca,
pero me habría gustado.
Creerme el pensamiento firme
de alguien que vive en mi cabeza. 

¿Quién le dice a la poesía lo que no debe contarse?
Migran las palabras cada poco,
como vuelan emociones de veleta
que lo mismo son invierno que verano.
Me confunde tanto giro.
¿Soy yo quién escribe los poemas
o son ellos los que escriben sobre mí?

La que escribe

La que escribe no es esa
que despierta
con dolor de espalda
algunos días,
dando rienda suelta
a la rutina que desgasta
las hojas de su agenda.
No es la que mantiene una sonrisa
de gravedad media
cuando el invierno se acerca.
No es la que hace malabares
con las deudas,
ni la que lleva la incertidumbre
pendiendo de la oreja.
No es la del miedo.
¡Que no, que no es esa!

La que escribe 
es una romántica que muerde 
planetas.
Una revolucionaria traviesa
que atraviesa océanos.
Una superviviente de naufragios
en playas desiertas.
Una adicta a la poesía
oculta en la naturaleza.
Una amante viajera
que no entiende de límites.
Un águila real
que caza imposibles
para que dejen de serlo.

Ella, la que escribe, bebe del pasado
y vive del presente
con el amor desabrochado.
Lleva el vello erizado
cuando canta el poniente
y enseña los dientes
si le tocan el sur.

Comentarios

  1. Y sin embargo sois la misma, porque todos somos lo mejor y lo peor, lo que nos gusta y lo que no, lo que hacemos y lo que soñamos...y sino, no seríamos nosotras mismas ;)

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  2. Sí, desde luego. ¡Gracias por el comentario, Nuri!

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