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El enfado con la poesía

Que los versos se quedaran en domingo
y en los parques con los techos azulados,
no me extraña, no me duele.
Cuando tratas de engañarme construyendo
los poemas por encima de la herida,
los poemas que nacieron de la herida,
los poemas supurados por la herida,
no me extraña, no me duele.

El enfado es otra cosa.
Vivir para mis horas
el tiempo de otros, por ejemplo.
Añorar lo que no he sido nunca,
pero me habría gustado.
Creerme el pensamiento firme
de alguien que vive en mi cabeza. 

¿Quién le dice a la poesía lo que no debe contarse?
Migran las palabras cada poco,
como vuelan emociones de veleta
que lo mismo son invierno que verano.
Me confunde tanto giro.
¿Soy yo quién escribe los poemas
o son ellos los que escriben sobre mí?

Deberías conocerme ahora

El verano tiene todas las excusas
para recordarte, entre ellas:
exceso de sol en la piel, 
salitre en el corte de un dedo,
termómetro ardiendo
y todos los viajes que harás
sin esta mitad de mí
que dejaste conmigo,
que encuentra consuelo
en un par de libros cubiertos
de arena
y, a veces, envidia a la otra mitad
que se fue contigo.  
Me refiero, ya sabes, a la mala,
la terca, la falsa, 
la que no sabía perder,
la cínica infiel,
la desconfiada,
la egoísta,
cobarde, engreída,
la que te idolatraba,
la inútil sin ti,
en fin... 
esa que seguro describes
al nombrarme en la distancia,
la que ya no soy
desde que no estás.

Comentarios

  1. Que sepas, que compartimos pañuelo. Yo contigo, sin estar a tu lado y con toda la mierda de este mundo conocido.
    Y qué grata coincidencia :)

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  2. Y que me suene bonita una frase que incluya la palabra "mierda" :D ¡gracias, Nuria!

    ResponderEliminar

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