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Transición

Dime que hago con Abril cuando Enero
pesa en la mirada.
El sol esparce vida.
¿Ves?
La miro
...mas no veo.
Aquí dentro, en mi humilde olvido
el orballo es quien manda,
quien siembra
con su triste
invierno
mi primavera.

Los dilemas echan raíces
en los bolsillos de mi chaqueta.
Toda la casa es un páramo atravesado
por una navaja de frío.
Ya ni siquiera mi reflejo en el espejo
coincide conmigo.
Soy solo la silueta de una flor marchita
que dejó los pétalos enterrados en tierra.

¿Y si abrimos la jaula y nos dejamos volar?
¿morirá el ruiseñor?
A golpes, medio muerto está
de tanto chocar contra las rejas
donde se encarceló.
No es la libertad lo que le dará muerte.
Es la duda la que le consumirá.

Cuando quiera respirar,
cuando se de cuenta de que vale más
la vida que las respuestas,
se oxidará el candado que de la jaula
una mala primavera
olvidó quitar.

Te saqué de mi pecho
a empujones
y con gritos ciegos.
Con el vértigo apretado en un puño,
como en aquella estación de metro
de aquella gran ciudad.
Rodeada de miedos,
de dudas,
de penas y glorias
de un día
cualquiera
entre un montón de pasos...
perdidos,
olvidados
ni tan siquiera premeditados.
Te saqué de tan adentro
que se me quedó
un pequeño agujero,
oscuro,
por el que si miro,
me hundo.

Pero te saqué,
de dentro.


Nuria Sobrino & Soraya Benítez

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Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!

Si pudieras escucharme

La vida no traiciona, solo existe de un modo diferente al esperado. Luis García Montero

Con frecuencia, las palabras nos traicionan. Sumisas del viento, engarzadas a una nube o colgadas de la rama más alta de un árbol del parque, esperan el momento de ser expresadas. A veces, no por falta de elocuencia, sí exceso de ignorancia. Suponemos que habrá tiempo para usarlas cuando sea que queramos y, no siempre es posible, como indica nuestro caso. Lucubrando tus respuestas omití yo mis preguntas, y viceversa. Aceptamos lo que vino sin oponer resistencia a la crecida de las dudas, y de la distancia, y de los inviernos, y de la amargura y... no volvimos a vernos. Primero, nos separó el orgullo. Después, puso yeso de por medio la ironía de la vida, cuando ya no hubo tiempo ni tampoco despedidas que pulieran el «ya nunca...».
Si pudieras escucharme... ¡ay, si pudieras! Suspiro y se aceleran las patadas o latidos que golpean las paredes de mi pecho si pienso en esa improbable contingencia. Mandarí…

Qué hago con...

Se me han debido caer
las horas al suelo.
No las encuentro.

¿Qué hago ahora con el tiempo?

Estoy cansada de buscar,
de ver calendarios
que se deshojan
a un ritmo frenético.
Quizá sea hora
de confesar
que he perdido en la orilla del mar
mi reloj de arena (queriendo).

Desde hoy voy a contar las olas
 sin prisa,
 sin tarde,
 sin corre.

Nadie me espera.

Voy a quemar los minutos
despierta.
No tengo sueño.
Doscientos seis huesos
me llevarán
de aquí a las estrellas
o, tal vez, más lejos.

Y ya puestos a inventar,
con solo diez dedos,
crearé un nuevo planeta,
desierto,
para mí y para mis versos
de mierda,
me sobra el resto.