Siempre tuve miedo

No es nada nuevo:
siempre tuve miedo
del reposo de la incertidumbre
en mi hombro,
tan cerca de la oreja
dejando un susurro
para recordarme
que pronto,
que tarde,
cualquier cosa podría
ocurrirme.

Sé que, por ese motivo,
muchos días,
muchas noches,
dormidas las calles
y yo muy despierta,
se me acababan las ovejas
y empezaban las dudas,
las inquietudes,
los temores,
hasta la llegada del alba,
atravesada la oscuridad
por las primeras flechas
de sol.

Con el tiempo han cambiado
las costumbres.
Ya no escuecen
las voces pretéritas
ni asustan los monstruos.
Ya no sirven las sábanas
de escudo
ni quejarse compensa.
He aprendido
que el error es humano
y también la disculpa,
que callarse es hablar
con los ojos
siempre que alguien los vea.
Aunque no es nada nuevo
que el miedo, a veces,
vuelva.

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