Para que tú me creyeras

Para que tú me leyeras
nunca escribí un poema,
porque sé que te aburren
desde el primer verso.
Demasiado pastel
adornando el exceso.
No me ibas a escuchar
por mucho que quisiera.

Para que tú volvieras,
volví yo a rezar una docena
de veces, de años que gruñen
porque todavía no has vuelto.
Procuro toser,
avivar el silencio,
conseguir que salgas
de tu madriguera.

Para que tú me creyeras
tendría que mentir o decírtelo ella,
inducirte a que dejes el bucle,
a que cambies de tercio.
Debería perder
mi miedo a perder (lo que no tengo).
Deberías lanzar
tus rencores, sin más, a una hoguera.

Y aún me faltarían versos
si quisiera decir
que merece la pena.

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