Lo que no supe decirte (a tiempo)

Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
Benjamín Prado


Acostumbrada a una verbosidad
exenta de límites,
más aún, de cordura.
Acostumbrada a una lengua
que lamía poemas hasta besar
sus cimientos.
Acostumbrada a tenerte
y a sentirme, por momentos,
y, según las circunstancias:
la reina del mambo,
la lista de clase,
la espabilada,
la buena,
la digna,
la que merecía seguir
viviendo historias,
si no contigo,
con otro, con otra.
¿Cómo no iba a ser una sorpresa
que me faltara la voz
en una cárcel de dientes y prejuicios
que, hasta entonces,
había llamado boca?

Más tarde, fue ya nunca.

Me quedé a solo catorce versos
de un soneto elocuente.
El índice clavado en la tecla
de la flecha que mira al oeste.

Y ahora, a destiempo, a desmano,
si acaso estas letras llegaran
a la ventana de tus ojos
donde siempre es verano
y el océano se refleja,
no seré yo quien te cuente
que la música no suena
como cuando tú bailabas,
que el sexo ya no inventa
lugares donde hacerlo,
que al lienzo le sobran trazos
de un pincel seco
desde que tú no dibujas,
que llevo tu fotografía gastada
en la yema de los dedos,
que no tengo respuesta
para tanto misterio.

¿Cómo llego a ti sin romperle
las alas al silencio?

¿Cómo quieres que te diga
lo que no supe decirte
a tiempo?

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