La chica de tu estribillo

He pensado
qué suerte tienen las estrellas
que pueden avistarte 
cada noche
desde su tiritar lejano,
que son el foco encendido
cuando escribes para ella
las canciones.

Y he pensado
que ya me cuesta repetir
en bucle
la parte que relata 
cuántos sorbos te has bebido
en su nombre,
dando muerte a los veranos 
en su ausencia,
o al recuerdo de cuatro pies
caminando por la orilla
de la playa.

También, he pensado
que podría robar tu cuaderno 
de voces,
cambiar de lugar varias letras,
pintar un sombrero en la esquina,
al margen, sonrisas o gotas
de lluvia,
o lirios y rosas azules.

Me he despertado
con esa diablura de juego
en la cabeza,
cuando el sol todavía bostezaba.
Sería divertido alterar
tu tarareo,
vestir tu nostalgia,
notar tu punteo surcando 
mi espalda,
sentir tu susurro escalando 
mi cuello,
saberte en mi oído,
pegarme a tu lengua,
besarte las cuerdas
y…
ser la chica de tu estribillo,
compuesta con pesadumbre,
capaz de arrancarle de un soplo
las dudas a tu melodía. 

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