¿Y si culpamos a Neruda?

Fuimos cerezos insaciables
cazando primaveras,
los versos más tristes
de las noches estrelladas,
mariposas de sueño calladas,
ausentes.
Dos corazones convictos
confesando haber vivido revueltas
en camas de sílice demolida
y, luego... luego, nada.

La culpa es de Neruda
que nos dijo las palabras
que caben en un beso,
y dejó que se enredaran
nuestras lenguas kamikazes
salivando sus poemas,
entonando una canción desesperada
al final del trayecto.

¿Y si culpamos a Neruda
de lo nuestro?
Hagamos aviones de papel
con sus sonetos,
quememos las odas,
las preguntas, los cantos,
las cartas...
y, así con todo,
todo lo que nos recuerde
que fuimos una vez,
una sola.

Comentarios

Entradas populares