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¿Y si culpamos a Neruda?

Fuimos cerezos insaciables
cazando primaveras,
los versos más tristes
de las noches estrelladas,
mariposas de sueño calladas,
ausentes.
Dos corazones convictos
confesando haber vivido revueltas
en camas de sílice demolida
y, luego... luego, nada.

La culpa es de Neruda
que nos dijo las palabras
que caben en un beso,
y dejó que se enredaran
nuestras lenguas kamikazes
salivando sus poemas,
entonando una canción desesperada
al final del trayecto.

¿Y si culpamos a Neruda
de lo nuestro?
Hagamos aviones de papel
con sus sonetos,
quememos las odas,
las preguntas, los cantos,
las cartas...
y, así con todo,
todo lo que nos recuerde
que fuimos una vez,
una sola.

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Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!