Vivir en tu ombligo.

Pretendía un soneto divertido,
un resumen de penas mal matadas.
Hallar a tus razones el sentido,
secar todas las lágrimas lloradas.

Si, acaso, alguien me explica los motivos,
escucharé, me quedaré callada,
aunque, me temo, que en lo sucesivo,
ni tú ni nadie va a explicarme nada.

Ya sacaré mis propias conclusiones
sin tu verdad, maraña de mentiras
que ha logrado dejar manchado el trigo.

Ya no respiro el aire que respiras
ni sigo al pie todas tus instrucciones.
Ya me mudé del hogar de tu ombligo. 

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