No me olvides

Me dijo:
no me olvides.
Y yo, que alguna vez
fui obediente,
cincelé su nombre
en mi memoria
y fabriqué un almanaque
para tachar los días
sin ella.
Octubre reiterado,
el otoño durando
doce meses.
Ni rastro de abril.

Imagina la estampa:
mis venas supurando
versos,
una hoja caduca
taponando la garganta,
la lengua plomiza,
los ojos fríos,
las manos grises,
mi ventana sellada.

Menos mal 
que parecía eterno,
pero no lo fue.
A mi corazón empedrado
le salieron flores
y la nostalgia 
se olvidó de recordar.
Tan solo,
de vez en cuando,
comparece la memoria
impertinente
y dibuja el trazo 
de su sombra.

Decidle 
que no se ofenda,
que no hay censura 
en el desgarro 
de mi pluma,
que ya no hay guerras
ni hay bandos,
que es así como mi poesía
la recuerda.

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