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Cuando leas esto quizá te sorprenda

Cuando leas esto, quizá te sorprenda la osadía que impregna mis letras, el descaro de este agradecimiento escrito. Leíste bien, voy a darte las gracias. Y ahora que lo pienso, me surge la duda: ¿apareciste en mi vida o fui yo a buscarte? En realidad, no importa. Ya fuera una búsqueda o la confluencia de dos almas errantes, llegaste en el momento idóneo dándome luz, ánimo y aire. Descubrí otro modo de soñar nadando las noches contigo, y empecé a pensar que mis agobios tenían una vía de escape si miraba desde la ventana de tus ojos. Quizá, por eso, probé suerte a tu lado. Lancé al váter mi pasado, la incertidumbre, las penas y, claro, con las prisas que acompañan al impulso, olvidé tirar de la cadena. Ahí pervive la huella de un pretérito de mierda. De todos modos, yo contenta con el cuento de hadas que habíamos iniciado. Quién me viera... la tonta del unicornio azul paseando todos los días por una calle Betis que vestía de colores brillantes, con naranjos de un naranja rutilante, con macetas llenas de flores de pétalos de mil tonalidades, con pajarillos cantarines en balcones... un sinfín de pinceladas de olvido, una locura exultante. Sin embargo, debido a la naturaleza tozuda de mi memoria, siguió el pretérito desafiando lo estable, primero, suave y, después, con vehemencia. Ingresé en el manicomio de lo absurdo y viví sobre un tapiz surrealista donde día sí y día también fui una imbécil conformista. 

Debí marcharme mucho antes, pero me quedé hasta fundirse pasado y presente. Perdí el unicornio, y el aire, y las flores, y... me fui, o me echaron. Nuevamente, qué más da. Y solo a mí se me ocurre darte las gracias por inspirar estas letras, por abrirme los ojos, que no es lo mismo que ayudarme a despertar, aunque también eso lo hicieras. Sin amenazas, sin odio, sin condena de amnesia... pagando la consecuencia —de mis errores, pero solo de los míos—. Gracias  —una vez más— por haberme recordado tanto tiempo. Digo yo que, donde no hay indiferencia, habrá sentimiento, sea rencor o sea afecto. Aún conservo tu mordida de perro enfurecido. Aún recuerdo la rabieta de niño que no obtiene lo que quiere. Aún levanto la cabeza en las noches con estrellas por si veo al cosmonauta en su nave visitando mi planeta. 

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Nuevos aires, querida Wendy

Decía Benedetti que el tiempo es como el viento, empuja y genera cambios. Qué te voy a decir a ti, querida Wendy, dríade abrazada a árboles de nieve, deslucida sombra en noches de insania y, de vez en cuando, marioneta subida a caballos de acero, desbocados. Qué te voy a decir a ti, depósito de miedos y albergue de almas opacas... Todo eso eras, hasta que dejaste de serlo. Porque siempre hay un comienzo, ¿verdad? Porque la espera irrita, indigna y desalienta; pero, también, es capaz de acaparar toda la energía que deberíamos invertir en VIVIR, antes de que la palabra «tarde» se pose sobre la lánguida boca de un cuerpo perecedero. 

Un día te sonó la alarma del aire nuevo. No me extraña en absoluto tu sorpresa, mirando a todas partes, buscando la cámara oculta e irónica de la realidad que te llovía en ese momento. Incrédula, como todo aquel que ha perdido demasiado tiempo lamiéndose las penas, en lugar de encaminar la barbilla y los ojos hacia lo cierto, que no es más que una simpleza…

Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!

Si pudieras escucharme

La vida no traiciona, solo existe de un modo diferente al esperado. Luis García Montero

Con frecuencia, las palabras nos traicionan. Sumisas del viento, engarzadas a una nube o colgadas de la rama más alta de un árbol del parque, esperan el momento de ser expresadas. A veces, no por falta de elocuencia, sí exceso de ignorancia. Suponemos que habrá tiempo para usarlas cuando sea que queramos y, no siempre es posible, como indica nuestro caso. Lucubrando tus respuestas omití yo mis preguntas, y viceversa. Aceptamos lo que vino sin oponer resistencia a la crecida de las dudas, y de la distancia, y de los inviernos, y de la amargura y... no volvimos a vernos. Primero, nos separó el orgullo. Después, puso yeso de por medio la ironía de la vida, cuando ya no hubo tiempo ni tampoco despedidas que pulieran el «ya nunca...».
Si pudieras escucharme... ¡ay, si pudieras! Suspiro y se aceleran las patadas o latidos que golpean las paredes de mi pecho si pienso en esa improbable contingencia. Mandarí…