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Mostrando entradas de enero, 2015

No me olvides

Me dijo: no me olvides. Y yo, que alguna vez fui obediente, cincelé su nombre en mi memoria y fabriqué un almanaque para tachar los días sin ella. Octubre reiterado, el otoño durando doce meses. Ni rastro de abril.
Imagina la estampa: mis venas supurando versos, una hoja caduca taponando la garganta, la lengua plomiza, los ojos fríos, las manos grises, mi ventana sellada.
Menos mal  que parecía eterno, pero no lo fue. A mi corazón empedrado le salieron flores y la nostalgia  se olvidó de recordar. Tan solo, de vez en cuando, comparece la memoria impertinente y dibuja el trazo  de su sombra.
Decidle  que no se ofenda, que no hay censura  en el desgarro  de mi pluma, que ya no hay guerras ni hay bandos, que es así como mi poesía la recuerda.

Cuando murmura el silencio

Como murmura el silencio
en las tardes de verano, así mi voz
ruge ronca para adentro,
igual que doscientas moscas
congregadas en el vientre
o la lengua serpentina del levante
susurrando en soplos.

Cuando murmura el silencio
creo yo que la memoria habla
con aliento de tristeza
y hasta veo un mirlo negro
apoyado en una rama
de un árbol que no existe
en una pared que no es ventana.

Porque murmura el silencio,
vértigo no da tu ausencia,
solo tiemblan mis versos
por miedo a que no vuelvas.

En busca del poema que te encuentre

Sobre la vasta tela de los días
voy dejando migas de letras,
derrotero de letras
que no sé cuándo termina,
pero sé adónde llega.
Jardines violetas, hálito imprevisto
y un silencio depravado tras el grito...
noche completa.

Pese a tanto recorrido en las suelas,
sigue estando la pregunta:
¿Cuándo acabará la espera?
Cada vez que te recuerdo, noto frío
en las encías y comienzo otro poema
que se afana en encontrarte.
Es curioso,
entre toda la maleza no te hallas,
pero yo sigo escribiendo
donde el sol juega a esconderse
entre las nubes y los árboles
prescinden de raíces
porque ahora tienen alas.




Vas a ser lo que yo quiera.



mi cuento, mi historia, mi moraleja,
mi serie dantesca, mi poemario,
mi

Y, de aquí en adelante, serás
lo que yo quiera que seas:
mi cuento, mi historia, mi moraleja,
mi serie dantesca, mi saga poética,
mi obra eternamente inacabada, mi novela negra.

Cuando leas esto quizá te sorprenda

Cuando leas esto, quizá te sorprenda la osadía que impregna mis letras, el descaro de este agradecimiento escrito. Leíste bien, voy a darte las gracias. Y ahora que lo pienso, me surge la duda: ¿apareciste en mi vida o fui yo a buscarte? En realidad, no importa. Ya fuera una búsqueda o la confluencia de dos almas errantes, llegaste en el momento idóneo dándome luz, ánimo y aire. Descubrí otro modo de soñar nadando las noches contigo, y empecé a pensar que mis agobios tenían una vía de escape si miraba desde la ventana de tus ojos. Quizá, por eso, probé suerte a tu lado. Lancé al váter mi pasado, la incertidumbre, las penas y, claro, con las prisas que acompañan al impulso, olvidé tirar de la cadena. Ahí pervive la huella de un pretérito de mierda. De todos modos, yo contenta con el cuento de hadas que habíamos iniciado. Quién me viera... la tonta del unicornio azul paseando todos los días por una calle Betis que vestía de colores brillantes, con naranjos de un naranja rutilante, con …

Tareas para cuando te olvide

Ahora
que está cerca septiembre,
que vistes de pasado
y sigues con los treinta
que una vez cumpliste...
Ahora
que no existes
fuera de las fotos
que te hacen tan guapa
y de los versos
que se mueren por ti...
Ahora
que ya casi parece
que estoy convencida,
que falta muy poco,
un poco, tan poco
para olvidarte...
que no me lo creo
del todo
y empiezo a ponerme nerviosa.

¿Cómo serán los atardeceres
sin el añil de tu recuerdo? —tengo que descubrirlo—.
¿Sonará de la misma manera aquella, nuestra canción? —habrá que comprobarlo—.
¿Seguirá siendo gloriosa la ciudad desmemoriada? —lo sabré  en mi próxima visita—.
¿Brillará la luz del faro como antaño, sin que estén allí tus ojos? —eso no creo, de antemano, pero es otra tarea que pende de tu olvido y voy a realizar—.















Si pudieras escucharme

La vida no traiciona, solo existe de un modo diferente al esperado. Luis García Montero

Con frecuencia, las palabras nos traicionan. Sumisas del viento, engarzadas a una nube o colgadas de la rama más alta de un árbol del parque, esperan el momento de ser expresadas. A veces, no por falta de elocuencia, sí exceso de ignorancia. Suponemos que habrá tiempo para usarlas cuando sea que queramos y, no siempre es posible, como indica nuestro caso. Lucubrando tus respuestas omití yo mis preguntas, y viceversa. Aceptamos lo que vino sin oponer resistencia a la crecida de las dudas, y de la distancia, y de los inviernos, y de la amargura y... no volvimos a vernos. Primero, nos separó el orgullo. Después, puso yeso de por medio la ironía de la vida, cuando ya no hubo tiempo ni tampoco despedidas que pulieran el «ya nunca...».
Si pudieras escucharme... ¡ay, si pudieras! Suspiro y se aceleran las patadas o latidos que golpean las paredes de mi pecho si pienso en esa improbable contingencia. Mandarí…