Cuando quieras buscarme


No te detengas nunca
cuando quieras buscarme.
Si ves muros de agua,
anchos fosos de aire,
setos de piedra o tiempo,
guardia de voces, pasa.
Te espero con un ser 
que no espera a los otros:
en donde yo te espero
solo tú cabes. 

Pedro Salinas 




Llamada entrante o simulacro de vida. Cuando empezaba a sonar la melodía, agarraba de un zarpazo la esperanza con botones que podría devolverme tu voz. Sin embargo, perdí los ojos antes de ver tu nombre escrito en la pantalla y, a pesar de ello, nunca he buscado razones a la demora. Quizá, era demasiado pronto o, tal vez, demasiado tarde para creer en tu regreso. 

Soñarte. Un crepúsculo azul oscuro tupido de estrellas. Tus manos acariciando mis poros. La intimidad plácida que acogen tus pestañas, desde donde puede contemplarse el océano, sentir el vaivén de las olas, quedar hipnotizada por ti, en ti, contigo. Tumbarme en tus labios, balcón desde el cual se puede gobernar el mundo. Pasearte, dejar que la yema de mis dedos atraviese el campo de espigas suaves que suben por tu espalda. Todo será imposible, salvo en los sueños que no puedes negarme ni puedo evitar yo. 

¿Volverás algún día? Da igual, no respondas. Yo tampoco sé qué haré mañana, y mi agenda hace ya tiempo que sirve de hospedaje a las arañas. De todos modos, si vuelves, avísame con tiempo. Quiero recibirte vestida solo con flores de lantana, el pelo suelto, erguido el pecho, los pero fuera del diccionario, el verso abierto a cualquier cambio. Y conocerte, de una vez por todas, saber qué ansías, qué temes, qué odias, qué esperas... de mí. 

Cuando quieras buscarme, déjame que te encuentre. 

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