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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Correr hacia atrás

Yo no buscaba a nadie y te vi.
Fito Paez - Un vestido y un amor.


Despacio, deprisa,
he corrido de muchas maneras
pero siempre en el mismo
sentido:
hacia delante.
Sin embargo, hoy quiero
correr hacia atrás.
No para ganar
impulso.
No para revivir
el pasado.
Quiero correr de espaldas,
desconocer contra qué
terminaré chocando.
Retroceder acelerando.
Parecer un hálito armonioso
semejante a la brisa del mar
que aún recuerdo.
Imprimir velocidad,
pero a la inversa.
Viajar marcha atrás,
visitando lugares
donde la incertidumbre
no me dé miedo
y la rutina no aporte
tanta seguridad.
Beber de lo inesperado.
Dejarme tocar por lo casual.
Saltar,
saltar sin mirar.
Que el cogote decida
cómo,
cuándo
y hacia dónde.
Anhelo
un tropiezo repentino,
un saludo
sin mirar a quién,
unas suelas gastadas
por la puntera.
Un encuentro que,
aunque quiera,
no lo busque,
que me encuentre,
de repente
a mí él.

Me falta un poema

Cuando ya he repasado los versos
de todo mi repertorio
y he ordenado verdades
y he subrayado mentiras
y me he cansado de olvidarte
todos los días de todos los meses
que engloban los años sin ti,
me doy cuenta:
me falta un poema.

Sí.
Porque es fácil hablar
de cometas, estrellas fugaces,
planetas y otras historias;
decir que me duele,
contar que recuerdo batallas
y glorias.
También, las derrotas,
los besos, las curvas, las lunas
de noches con ojos abiertos...
Que sí, que sí,
que hay un caudal de poesía
en todo eso;
pero, a mí, me falta un poema
y no puedo hacerlo
por mucho que quiera.

Inquieta ante el folio
que cubre de blanco mi angustia,
se enreda la lengua,
tiritan los dedos y sudo recuerdos
que no sé si quiero que vuelvan,
si llegan sin filtro, sin miedo,
diciéndome:
ni todo era tan malo,
ni tú eras tan buena.

Y, al final, me quedo sin poema.

Aunque mis manos busquen a tientas

Aunque mis manos busquen a tientas
entre las teclas los versos
que sabrán dibujarte, todavía,
y sea capaz mi aullido de rozar
tu hombro desde la distancia,
como un murmullo de nadie
oído en el silencio de la noche.

Aunque retengas momentos de viajes,
sonrisas que broten con ellos,
la letra de algunas canciones,
mi nombre, tal vez, algún gesto,
la huella de lo que fue herida
y aquella pulsera de cuero
que en julio te regalé.

Aunque consiga parecerme
a lo que entiendes por nostalgia,
teniendo un segundo la suerte
de ser pellizco en tu pecho,
suspiro que exhales
o arroyo en tus ojos;
nada de esto servirá, amor,
con el paso de la vida,
para que yo tenga
cobijo en tu memoria
y tu vivas en mí, eternamente.




Cuando quieras buscarme

No te detengas nunca cuando quieras buscarme. Si ves muros de agua, anchos fosos de aire, setos de piedra o tiempo, guardia de voces, pasa. Te espero con un ser  que no espera a los otros: en donde yo te espero solo tú cabes. 
Pedro Salinas 



Llamada entrante o simulacro de vida. Cuando empezaba a sonar la melodía, agarraba de un zarpazo la esperanza con botones que podría devolverme tu voz. Sin embargo, perdí los ojos antes de ver tu nombre escrito en la pantalla y, a pesar de ello, nunca he buscado razones a la demora. Quizá, era demasiado pronto o, tal vez, demasiado tarde para creer en tu regreso. 
Soñarte. Un crepúsculo azul oscuro tupido de estrellas. Tus manos acariciando mis poros. La intimidad plácida que acogen tus pestañas, desde donde puede contemplarse el océano, sentir el vaivén de las olas, quedar hipnotizada por ti, en ti, contigo. Tumbarme en tus labios, balcón desde el cual se puede gobernar el mundo. Pasearte, dejar que la yema de mis dedos atraviese el campo de espigas suave…