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Será que mi sed de azul es parecida.

Será que mi sed de azul es parecida
y me ahogo en sitios grandes, saturados,
y me sobra media gama de colores
de entre todos los que la ciudad me vende.
Puedo entender tu agobio.
Quizá, no es nada nuevo:
¿quién se salva de ser un poco gato?

Te habita una ciudad sin ser su habitante.
Yo soy de cada hogar que tiene por pelusas
algunos de mis lloros
y busco el azul, a veces, me impaciento;
llega pronto, llega tarde…
depende de mis ojos ese día.

¿Por qué no bailamos al borde,
también, nosotros?
Hay una orilla esperándonos, deseando
que le besemos sus labios azules.
Estoy segura.

Me acordé de ti

Ojalá sólo me hubiera acordado de ti,
no de ti indecisa,
no de ti preocupada.
Sólo de ti.

Te vi sonreír
con esos labios inacabables
que se retuercen
durante un enfado.

Recordé que disfrutabas
de los amaneceres perezosos
y del aroma a café,
lejana,
ajena a los reproches
que te gritaba
en silencio,
arrebatos de una miopía
empeñada en ver
a dos amapolas
sacudiéndose el frío
cuando solo éramos
dos vagones descarrilados
en diciembre.

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