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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Una noche como otra cualquiera

Enciendo una barra de incienso —el tabaco de imitación usado por los que no fumamos— para recrear las nubes en nuestra habitación. Deben ser las tres y media, por lo menos. No voy a comprobarlo. He puesto el despertador de espaldas, contra la pared, lo he castigado. Eso le pasa por correr. Le he dicho mil veces que no vaya tan rápido, que me mareo siguiendo los giros de las manecillas, pero él, a lo suyo.
El flexo encorvado mirando hacia el folio, parece una réplica de mi propio cuerpo cansado. Debería acostarme. Seguro que encuentro en la cama algún sueño que aún no he soñado. La infusión se ha enfriado en el vaso. A falta de ron, un té verde haciendo las veces de pócima encantadora. Quería brindar esta noche, beber de un trago, de un golpe, de un daño que arañe la lengua y reviente el estómago. Quizá, en ese idioma, el de la embriaguez, pueda aborrecerla por un rato, escupiendo sus protestas, sus promesas, sus propuestas que dejaban la puerta abierta al ensayo sin importar el desas…

Confundirme en mis errores

Que, en cierto modo, creer con fuerza tal lo que no vimos nos invita a negar lo que miramos.
Alocución a las veintitrés. Ángel González
Quisiera confundirme en mis errores,
dejando que la nada me seduzca
en su vaivén contenido.
Zarpar. No huir. Zarpar.
Burlarme de la prisa, por lo menos,
una vez. Que tampoco pido tanto
si deseo ver de nuevo cómo arden
unos versos mar adentro.
Digo yo...
O quemarme cuando toque
una hoja salpicada de rocío,
aunque sepa que no es cierto,
que no llega a calentarme ni siquiera.

Me hace gracia la ironía
que me pone aquí, delante,
unas líneas de distancia.
Como si... —ya ves,
a estas alturas del poema—,
no fuera capaz de comerle la boca
al silencio, dejando salir la vergüenza.
Desnuda, abierta, taimada, melosa,
directa, audaz...



Ya veré si algún día

Ya veré si algún día me conformo con tenerte tan dentro, tan nada, tan lejos. A lo mejor llega el momento y me desboco, dando rienda suelta a la indomable que me grita, porque la tela tensa hasta que quiebra en hilos sueltos... A ver quién sobrehíla. 
Ya veré si algún día desahogo los besos que tiré al mar entonces, y los traigo a la orilla de un poema y reanimo su saliva con mis letras en un boca a boca, o en un verso a verso. ¡Qué bien sabrá besarte de nuevo!
Ya veré si algún día recojo flores de los vastos jardines sin aurora. ¿Seguirán las buganvillas enredadas en los muros del resentimiento? Le cuesta tanto a mi memoria meterte en el olvido... sacarte del recuerdo...

Me acordé de ti

Ojalá sólo me hubiera acordado de ti,
no de ti indecisa,
no de ti preocupada.
Sólo de ti.

Te vi sonreír
con esos labios inacabables
que se retuercen
durante un enfado.

Recordé que disfrutabas
de los amaneceres perezosos
y del aroma a café,
lejana,
ajena a los reproches
que te gritaba
en silencio,
arrebatos de una miopía
empeñada en ver
a dos amapolas
sacudiéndose el frío
cuando solo éramos
dos vagones descarrilados
en diciembre.