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Mostrando entradas de octubre, 2014

La osadía de los cobardes

Hubo una vez. Hubo muchas, pero una fue...  El cielo era índigo de estrellas ausentes. El faro dormía, la luna no. Hablábamos de musas y errores, tropiezos con la misma roca. Ceguera, porfía o despiste. Romanticismo, juventud o idiotez. Yo hundía mis dedos en la arena pintando sin miedo a las olas que se acercaban a ver, con la curiosidad salada y helada a esas horas. Aquella noche duró hasta hace un rato. Tuve tiempo, demasiado. Jugué con caballitos de mar, relaté a los peces mi naufragio poético, refresqué la memoria mar adentro y volví a la orilla de nuevo cuando la marea estaba subiendo. 
Seguro que no imaginas, seguro que no imaginas las veces que... no, seguro que no. Igual sí que lo haces pero falla tu perspicacia. Qué horror. Qué hueco es tu silencio. Preferiría no oírlo ahora que me falta el oxígeno. Se rompió la botella de sol que atrapaba el viento. Tu aire. Mi aire. Se borró todo lo que había escrito desde hace tiempo. No me importa volver a empezar a decir lo que era cie…