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Mimetismo o el bicho raro.

Muchas veces
desfallezco en este viaje continuo,
camino de no sé dónde,
con la prisa pegada al zapato
que aguanta mis pasos
que ya casi corren,
intentando que no se les note
el vagar perdido.
Esas veces, esos días,
sufro vértigo
desde muy temprano.
Sentada en el colchón,
siento el suelo lejano
y lo miro
como quien contempla
el mundo desde el borde
de un precipicio.

¿Por qué va todo
tan rápido?

Mis versos no consiguen
encontrarme.
Soy propensa al escapismo
si me hablan de cadenas
y mis dedos bailan la danza
del nervio
frente al folio en blanco.
Odio estas veces, estos días
en los que hay demasiado espacio
entre tecla y tecla,
en los que un conciliador mimetismo
delata las horas muertas
y hago un camaleónico esfuerzo
para respirar.

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Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!