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Inventario de preguntas sin respuesta

     Estoy convencida: las preguntas sin respuesta quedan flotando en el aire hasta que alguien las recoge y las contesta, como un globo rescatado de las ramas de un árbol. No pueden existir cuestiones huérfanas de réplicas. Aunque... ahora que lo pienso, si existen respuestas a preguntas no realizadas, puede que también existan preguntas que mueran ahorcadas con el signo de interrogación, ¿verdad? No, no puede ser. Toda pregunta tiene una respuesta. Yo no me quedo tranquila hasta que no la encuentro.

Señoras... señores... a mí no me vale un "sí", un "no". Confieso ser de las que buscan una explicación. Y en esa vesania natural de averiguación constante, buscando el porqué de todo, he descubierto que mis preguntas no son solo mías, que sobrevuelan la ciudad, que se agitan en el aire porque ya hubo otra persona que las formuló hace tiempo, y se escaparon de su boca o de su mente igual que un globo de la mano de un niño.

¿Por qué empeñarse en sumar capítulos a una historia que hace siglos pide un final? En eso del desamor... ¿alguna vez coincidirá lo que se piensa con lo que se dice y lo que se hace? ¿Para cuándo unas gafas de regalo a la esperanza miope? ¿Cómo se guardan las ganas que no sabemos contener? ¿Existirá un banco para ingresar impulsos y tentaciones? (Si es así, debo ser multimillonaria).¿Cuándo caduca el repertorio de latidos que ven la oportunidad de reiniciar detrás de cualquier palabra? ¿Por qué hay tantos corazones que vagan con los pies descalzos pisando charcos? ¿Dónde quedan los momentos de las fotos? ¿Y los estribillos que tarareábamos? ¿Qué pasó con esa pasión candente que nos atrapaba? ¿Cómo se endulza el desengaño?

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Nuevos aires, querida Wendy

Decía Benedetti que el tiempo es como el viento, empuja y genera cambios. Qué te voy a decir a ti, querida Wendy, dríade abrazada a árboles de nieve, deslucida sombra en noches de insania y, de vez en cuando, marioneta subida a caballos de acero, desbocados. Qué te voy a decir a ti, depósito de miedos y albergue de almas opacas... Todo eso eras, hasta que dejaste de serlo. Porque siempre hay un comienzo, ¿verdad? Porque la espera irrita, indigna y desalienta; pero, también, es capaz de acaparar toda la energía que deberíamos invertir en VIVIR, antes de que la palabra «tarde» se pose sobre la lánguida boca de un cuerpo perecedero. 

Un día te sonó la alarma del aire nuevo. No me extraña en absoluto tu sorpresa, mirando a todas partes, buscando la cámara oculta e irónica de la realidad que te llovía en ese momento. Incrédula, como todo aquel que ha perdido demasiado tiempo lamiéndose las penas, en lugar de encaminar la barbilla y los ojos hacia lo cierto, que no es más que una simpleza…

Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
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disfrutando en un paisaje pastoril.
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en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
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de sorpresa manantiales
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No me creo que te duermas.
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Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!

Si pudieras escucharme

La vida no traiciona, solo existe de un modo diferente al esperado. Luis García Montero

Con frecuencia, las palabras nos traicionan. Sumisas del viento, engarzadas a una nube o colgadas de la rama más alta de un árbol del parque, esperan el momento de ser expresadas. A veces, no por falta de elocuencia, sí exceso de ignorancia. Suponemos que habrá tiempo para usarlas cuando sea que queramos y, no siempre es posible, como indica nuestro caso. Lucubrando tus respuestas omití yo mis preguntas, y viceversa. Aceptamos lo que vino sin oponer resistencia a la crecida de las dudas, y de la distancia, y de los inviernos, y de la amargura y... no volvimos a vernos. Primero, nos separó el orgullo. Después, puso yeso de por medio la ironía de la vida, cuando ya no hubo tiempo ni tampoco despedidas que pulieran el «ya nunca...».
Si pudieras escucharme... ¡ay, si pudieras! Suspiro y se aceleran las patadas o latidos que golpean las paredes de mi pecho si pienso en esa improbable contingencia. Mandarí…