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Mostrando entradas de agosto, 2014

Al paso del tiempo.

Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante. 
Jaime Gil de Biedma



Que pasó el tiempo es algo que no dudan mis canas. Que la vida iba en serio, como decía Jaime, ya he empezado a comprenderlo. No sé si pronto, no sé si tarde... 
El calendario sigue su paso impávido hacia la nada, arrancándose jirones de papel y de horas, horas, horas, horas... Ya no quiero más batallas. Bastante tengo con el silencio, que es como una habitación oscura, llena de telarañas y de recuerdos empolvados, cada vez más deshechos. Se va borrando el trayecto con el paso del tiempo. 
Y tú, ¿cuándo vas a dejar mi bandera blanca, tranquila? Si quisieras, podrías frenar esta guerra, bajar las armas, darme una tregua, sellar la paz o condonarme esa deuda que crees que debo —por siempre, todavía—. Siempre hablas de fallos. Yo solo veo zancadas pretenciosas, saltos sin cuerda, rotos en paracaídas, laberintos, callejones sin salida, baches, pe…

Para no faltar a la mentira

No conoce el amor la compasión. La marca del fuego. Felipe Benítez Reyes

Era falso tu idilio con la luna,
tu miedo al ostracismo,
tu deseo de guerra.
Era cierta tu lengua de poeta,
tu angustia al despedirnos,
tu paz llena de culpa.

Perdona, creo que me he equivocado,
erré en algunos versos,
espera que retoque.
Solo hace falta que cambie el enfoque,
unos golpes de efecto
y lo dejo arreglado.

Era falsa tu meta sin llegada,
tu sonrisa inocente,
tu bondad infinita.
Era cierto tu arte con la mentira
tu amor por el presente,
tu mirada de gata.

Ahora sí, ¿ves? No era tan difícil.
Decimos la verdad
y seguimos mintiendo.
Para inventar, tu tienes el talento,
y, para qué engañar,
yo quiero que me mientas
para seguir creyendo.

Inventario de preguntas sin respuesta

Estoy convencida: las preguntas sin respuesta quedan flotando en el aire hasta que alguien las recoge y las contesta, como un globo rescatado de las ramas de un árbol. No pueden existir cuestiones huérfanas de réplicas. Aunque... ahora que lo pienso, si existen respuestas a preguntas no realizadas, puede que también existan preguntas que mueran ahorcadas con el signo de interrogación, ¿verdad? No, no puede ser. Toda pregunta tiene una respuesta. Yo no me quedo tranquila hasta que no la encuentro.

Señoras... señores... a mí no me vale un "sí", un "no". Confieso ser de las que buscan una explicación. Y en esa vesania natural de averiguación constante, buscando el porqué de todo, he descubierto que mis preguntas no son solo mías, que sobrevuelan la ciudad, que se agitan en el aire porque ya hubo otra persona que las formuló hace tiempo, y se escaparon de su boca o de su mente igual que un globo de la mano de un niño.

¿Por qué empeñarse en sumar capítulos a una h…

Bienvenidos a una tarde de invernadero

Contando este último folio, al que he decidido perdonar la arruga, tengo un tropel de hojas malditas con las que podría empapelar mi habitación. Abundan tachones despeinados en azul, lunares de tinta y signos de interrogación conminatorios, que me escrutan con una mirada hueca exigiendo respuestas. La radio está puesta en cualquier cadena, acaba de empezar otra canción, que también se acuerda de ti, y ya noto que tiembla la muñeca, que la punta del bolígrafo está arañando la esquina derecha del papel asustando a mi baile de letras. 
Sé que podría empezar de nuevo, hablar de los veranos y los viajes, de los paseos y las sonrisas... sobre todo, de las sonrisas. Citar nombres de calles y rincones, explicar el significado de algunos versos, narrar la grandeza de la eternidad posada sobre mi reloj de arena, describir el céfiro de tu aliento refrescándome la oreja o la tensión que provoca sostenerte la mirada de esmeralda. Sin embargo, el fluir facundo amaina como al pasar por un recodo es…