Entradas

¿Qué te han hecho, Doñana?

¿Qué te han hecho, Doñana? ¿Quién la paz te ha quitado?
Paraíso en cenizas, paraíso arruinado.
¿Tanto vale el dinero? Más que un lince asustado.
Tengo el ceño fruncido. Otro incendio provocado.

Llora Cuesta Maneli, yo también he llorado
cuando he visto esas llamas y el terreno afectado,
playas muertas de miedo y un camping arrasado.
Flora y flauna perdidas, tesoro violentado.

Abundante humo espeso, nuestro pulmón ajado.
Moguer ya no respira con el aire viciado.
Un pueblo en alerta con vecinos evacuados,
carreteras cortadas, bomberos agotados.

Pirómano sin pena, la hoguera has avivado,
no creas que perdona mi corazón helado,
espero tu condena por todo lo quemado
que vivas entre rejas todo el daño causado.

Versos en Peñamellera

Ella decía que allí estaba su infancia,
veranos exiguos rodeada de amigos
disfrutando en un paisaje pastoril.
No creas que es muy grande,
en realidad, es pequeño.
No vas a encontrar tiendas,
tampoco verás bares.
Te encantará mi pueblo.

Carreteras de culebra,
de humedad marrón y verde,
de sorpresa manantiales
cuando menos te lo esperes.
Una curva, otra curva,
otra más y la que sigue.
No me creo que te duermas.
¡Ya se ve desde aquí Ruenes!

Tardé lo que tarda un instante
en confirmar sus palabras,
la belleza y la magia
que encarnaban las montañas.

Además, no cabe duda:
la Sierra del Cuera sonríe
cada vez que llega agosto.
De ruido se inunda Ruenes,
las gaitas suenan muy pronto.
Voladores, banderines,
abrazos y más abrazos
de los amigos que vuelven
a reunirse año tras año
sin que importen los acentos
compartiendo el entusiasmo
y los bailes en la bolera,
y las estrellas en Somano,
y las risas, y la sidra,
y todos juntos cantando
Asturias, patria querida...
¡la fiesta se va acercando!

Su mirada es un valle

Su nombre el de una calle,
se encuentra en casi todas las ciudades.
Su mirada es un valle
partido en dos mitades.
De verde claro visten sus bondades.

Su acento es el palmero
de aire fresco que a la voz acompaña,
un susurro primero,
y después, ya te araña
ese balanceo de sus pestañas.

Vas a saber que es ella
por la huella de mordida en mis poemas.
Su recuerdo hizo mella,
y rompió mis esquemas
para dejarme sola con dilemas.

Esta lira postrera
echa el cierre a posibles disyuntivas.
Relaja un poco, fiera,
que continuamos vivas.
Mis letras ya no quieren ser nocivas.

Al principio de todo

Al principio de todo, yo quería
un soneto liviano que no hablara
de ti, tampoco de mí, que intentara
limar asperezas con maestría.

Una rima gentil, aceptaría
el final o la tregua que llegara
por fin, a secar la triste alfaguara
de quejas que entonces, ya sobraría.

¿Y qué conseguí? Que surjas de nuevo,
que otra vez aparezcas en mis versos,
aunque ya no te extrañe, no como antes.

Último terceto, es lo que me llevo,
te he buscado en todos los universos,
te podré hallar en las noches brillantes.

A veces, pienso.

A veces, pienso. Pero solo, a veces.
Otras veces, cuando no lo hago, escribo.
Mejor de madrugada, sin más jueces
que todos los testigos del derribo.

Aquellos que sí saben lo que escueces
me han dicho que no dé si no recibo.
Lo que puse en papel te lo mereces,
lo que decía de ti hoy lo suscribo.

Aunque, a decir verdad, no todo es cierto.
Si exageré, la culpa es de Cupido
que sus flechas gastó sin mucho acierto.

Aquí el final: ni soneto ni olvido.
Claudicaré si algún día despierto,
pues perdonar ya no tiene sentido.

Si quieres que te olvide

A la soledad me vine por ver si encontraba el río del olvido.
Rafael Alberti

Si quieres que te olvide
tendrás que poner empeño
volcando todas tus fuerzas,
sacando leña del fuego
para que no me acuerde
de cómo crepita un cuerpo
cuando tiene la suerte
de que lo toquen tus dedos.

Por aquel entonces,
verde era el cielo.

Si quieres que te olvide
tendrás que borrar mis versos
deshilachando las letras,
agonizando los verbos.
Huérfanas las imágenes,
huérfanos los recuerdos.
Y puede que así consigas
que mis poemas ignoren la esencia
de la memoria,
que no describa lugares,
que cierre un poco la boca,
que deje de dar detalles
de cuando era verde el cielo.

Si quieres que te olvide...
en realidad, no quiero.

Qué hago con...

Se me han debido caer
las horas al suelo.
No las encuentro.

¿Qué hago ahora con el tiempo?

Estoy cansada de buscar,
de ver calendarios
que se deshojan
a un ritmo frenético.
Quizá sea hora
de confesar
que he perdido en la orilla del mar
mi reloj de arena (queriendo).

Desde hoy voy a contar las olas
 sin prisa,
 sin tarde,
 sin corre.

Nadie me espera.

Voy a quemar los minutos
despierta.
No tengo sueño.
Doscientos seis huesos
me llevarán
de aquí a las estrellas
o, tal vez, más lejos.

Y ya puestos a inventar,
con solo diez dedos,
crearé un nuevo planeta,
desierto,
para mí y para mis versos
de mierda,
me sobra el resto.