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Te encontré

Te encontré
en la cáscara, fanal de una poeta,
en su nombre y su mirada
te hallé viva.
Era tarde de otoño, verso turbado,
timidez en el rostro, apatía.
Miles de flores naciendo
en sus manos
y tanto verano llenando sus ojos
como el horizonte sin nubes
pudiera abarcar.

Quemaba el frío de sus letras,
recuerdo,
soneto en ruinas, poema enfermo
y, al fondo, un candil.
No sin turbarme, seguí leyendo,
campo de intriga, misterio, enigma
revuelto por resolver.

Cuánta tristeza en la tristeza...
Quisiera servirle de foco, de pozo,
de fondo, de torno, de globo, de trono,
de bolso, de lomo, de sorbo,
alivio a su falta de inspiración.
¿Cuánto
vale un par de alas?
¿Cuánto
unos brazos capaces
de abarcar el mar?
Entradas recientes

A veces, me guiñan las letras

A veces, pasan semanas
sin ver una gota de lluvia
y siento que todas mis rimas
fracasan.
Se estira la hartura si cierro
los puños, si muerdo la lengua,
si clavo las uñas en los muslos
y paro la tromba que acampa
dentro de mis ojos.
Mira si me canso...

De tanto buscar el poema perfecto
que lo diga todo,
me pierdo los días, los bailes
bailando abedules ahí fuera.
Aplazo la vida y espero otros versos
capaces, potentes, lascivos, alegres,
de esos que sigan el ritmo
que lleve pegado a mis suelas.
No tengo remedio...

A veces, me guiñan las letras
y no es un engaño.
Me lanzan señales que siembran espigas
a ras de la piel de mis brazos
que tiemblan en un cosquilleo.
Entonces, escribo palabras
y sigo diciendo que no soy poeta.
Tan solo crepito en el folio
ansiando que alguien visite el infierno
conmigo.

Quiero contarte

Quiero contarte
que hoy no tocaba suspiro.
Recuerdo que ha sido una voz, un olor,
un acorde o, quizá, fue un verso;
levantó polvareda y, después,
tan solo recuerdo frotarme los ojos
y ver convertida en colina de arena
mi alcoba. Sublime escenario montado
en solo un momento.
Por poder... por poder, podía ser  cualquier ribera a orillas del mundo,  con sus olas, gaviotas en alto,  sombrillas ancladas, sombras caminando, lenguas de toalla, incluso, algún barco  cortando la calma.  Aunque,  yo digo que fue —por algo 
es mío el poema  y decido el sabor de sus versos—, una réplica perfecta del fragmento que he guardado  como hoja arrancada del ayer, subrayando lo que quiero que el olvido no arrastre mar adentro. 















Ya no quiero comprenderlo

En la butaca del tiempo he pasado incómodas horas  que combaban el ánimo de algunos días.  He visto, frente a frente, la mirada perdida  de la esperanza,  amaneceres fundidos en negro y la voluntad entregada a la palabra «luego», ya gastado mi mejor «después».
Me he cansado de aguantarme, sostener el libro abierto en la página que cuenta que revive la patada o el latido  camino de la sonrisa, esa tonta sensación con olor a primavera donde todo gris es claro y a la vuelta de la esquina se recobra lo perdido,  si es que algo contenía aquel fuego, más allá  de las pavesas que brincaban, cuando mucho era poco y quedaba todavía, en apariencia, mucho más para quemar. 
Ya no quiero comprenderlo. Entendiendo el origen de la lluvia no consigo poner freno al aguacero y, aunque llegue a los motivos que acabaron en sepelio, soy consciente: no por ello volveré a ver abriles en septiembre, ni de lejos.
Sonarán campanas menos jaraneras, los ocasos caerán como la tos en golpe seco sin que vuelva a r…

Si no te hubiera conocido

Para conocerte,
dejé abiertas las ventanas
y recé sin creer en nada,
cerré los ojos,
lloré.
Hice todo eso que llaman
VIVIR,
aun sabiendo que tu huella
dolería más que una llaga,
que serías cicatriz
latiendo siempre,
vendaval para el pulmón.

Si no te hubiera conocido,
el crepúsculo habría quedado en una palabra estéril
y las estrellas no serían
nada más que estrellas.
Van Gogh habría pintado
sin tocarme el alma,
y nunca habría cantado
Marwan, Manolo o Miguel
en mi oreja,
ni sabría de memoria
recitar a Neruda.
O eso creo.
Tampoco me habría fijado
en Salinas, Garfias o Cernuda
y tu tierra estaría en el mapa,
pero no en mi corazón,
al igual que las playas,
las plantas,
las casas blancas de cal.
Estoy segura, amor.

Si no te hubiera conocido,
ahora estaría viva
sin saber lo que es vivir.

Billete de vuelta (parte 3 de 3)

— Porque no supe hacerlo de otra forma. Todas me parecían dolorosas —respondió Violeta.
El tren se detuvo, pudo escucharse el trasiego de pasajeros que subían y bajaban del vagón más cercano, arrastrando maletas. Algunos de los recién llegados, aprovecharon ese momento para acercarse a la cafetería. Violeta y Samuel se vieron rodeados de padres con hijos que tenían hambre y lo proclamaban a voces, de estudiantes ojerosos que un café cargado y seguían estudiando, sorbo a sorbo, sus folios, de abuelos que solicitaban el periódico para desinformarse un poco. 
— Quiero salir de la cafetería —prosiguió—, me estoy empezando a agobiar con tanta gente.
Dejaron atrás el bullicio para volver a la calma de cogotes, codos, piernas, brazos, caras... cuerpos retorciéndose en sus plazas que más parecían jaulas de rejas invisibles que espacios cómodos para viajes largos. Cuando llegaron al asiento de Samuel, Violeta se sentó a su lado.

— Todavía no entiendo por qué huiste —murmuró él, pasándose una ma…

Con esto, no quiero que te confundas

¿Puedes seguir enamorada de alguien que has dejado de querer? Elvira Sastre
¿Ensueño todavía, o tan solo memoria? Ángel González



Que pasa el tiempo y la escarcha se posa sobre el cabello, los años surcan el rostro,  la energía escampa y tú sigues ahí.
Porque escribo apretando el lápiz contra la hoja, no borra la goma la huella por mucho que raspe.  ¿Qué quieres que haga?
Aprendí de memoria tu risa, percibí a distancia  el perfume que usabas, por no hablar del traje de seda que vestía desnuda tu piel. Con esto, no quiero  que te confundas. Digo que eres la herida del folio, la marca por siempre, la mancha que está. Que dueles si escarbo, inútil taparte, Neruda no deja de hablarme de ti.
Si cierro los ojos puedo dibujarte, aunque, cada día me lo invente más. Ya pinto unicornios  más verdes que azules y escucho canciones solo para mí. Me queda sacarte de la poesía  pero, no me importa que vivas ahí...  siempre que no vuelvas.